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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

sábado 26 de julio de 2014


Ópera Perú

16 de junio

Fallece el maestro Rafael Frühbeck de Burgos

Ópera PerúJuan Carlos Cárdenas - EFE(EFE) El maestro Rafael Frühbeck de Burgos ha fallecido este miércoles en Pamplona a los 80 años a causa de un proceso canceroso que había obligado a su hospitalización en una clínica de esa ciudad el pasado 13 de abril, han informado a Efe fuentes próximas a la familia.Frühbeck de Burgos, nacido como Rafael Frühbeck Frühbeck en la ciudad de la que tomó el apellido el 15 de septiembre de 1933, está considerado como el director de orquesta español con mayor prestigio internacional desde Ataúlfo Argenta, y en la actualidad era titular de la Orquesta Sinfónica de Dinamarca y director emérito de la Orquesta Nacional de España.A lo largo de su carrera dirigió más de un centenar de orquestas en Europa, Japón, Estados Unidos y Canadá, y su talento fue reconocido en estos dos últimos países, donde ha subido al podio de las filarmónicas de Nueva York, Los Ángeles, Filadelfia y las orquestas sinfónicas de Cincinnati, Boston, Pittsburgh, San Luis, Chicago, Toronto y Montreal.Rafael Frühbeck de Burgos, "el incansable", gozaba de la misma fama que coetáneos como Maazel o Mehta gracias a una carrera internacional de excelente arquitectura, rigor y "chispa", defendida con tanto tesón como "la marca" España, que predicó cuando el país musicalmente no era más que una entelequia.De verbo brillante y fuerte carácter, el director que más veces se ha puesto al frente de la Orquesta Nacional de España (ONE), en torno a 500, siempre ha presumido de nacionalidad y ha contado complacido el porqué de su apellido a la vez que ha aprovechado la circunstancia para hacer una defensa cerrada del potencial del talento musical español. El maestro se añadió el "de Burgos" porque al "comisario político" de los años 50 le parecía "muy extranjero y casi sospechoso" lo de "Frühbeck Frühbeck", aunque él hubiera nacido en la ciudad castellana, en la que su padre, un óptico, se había establecido "maravillado" por su clima y a la que llevó a vivir a la que entonces era su novia, además de prima. Frühbeck, con 110 conciertos de media al año, había conseguido superar la "edad fatídica" para los directores de los "cuarenta y tantos" -"se mueren muchos de infarto", dice-, y ha gozado desde los 60 de "una nueva juventud" y muchas glorias profesionales aunque siempre ha pensado que "lo bueno" está por venir porque la música, argumenta, es "eterna e inacabable". Este "marco polo" del 33, con giras de 30.000 kilómetros en un mes siempre cargado de kilos de partituras, ha sido siempre un prodigio de "impulso vital".No le cansaban los viajes sino los aviones y aguantaba conciertos larguísimos sin dar nunca muestras de agotamiento...hasta el pasado 15 de marzo, cuando sufrió un vahído mientras dirigía a la Sinfónica de Washington, en el Kennedy Center de la capital estadounidenseFrühbeck empezó a mostrar signos de cansancio a las dos horas de dirigir y cuando faltaban diez minutos para que concluyera Pini di Roma, de Respighi.Se apoyaba cada vez más en la barandilla del podio y pareció que se iba a caer aunque consiguió recuperarse y concluir, ya sentado, la pieza y luego levantarse para recibir una ovación "increíble" del público.Al regresar a España, se puso en manos de su hija e hijo, ambos médicos, e ingresó en una clínica de Pamplona, donde estuvo hospitalizado a causa del proceso canceroso que llevó a anunciar, "con gran dolor", su retirada definitiva de los escenarios porque no puede afrontar sus compromisos profesionales "de manera óptima".Temprano intérprete de Haydn y Mozart y entregado a "sus" clásicos, de Beethoven a Bach, de Korsakov a Ravel, pasando por Albéniz y Turina -que también ha orquestado-, aquella noche en Wasghington interpretó piezas de Debussy y Rachmaninoff con el plato fuerte de El amor brujo de Falla.Pero el que le gustaba especialmente es el "Requiem" de Brahms, que dirige de memoria, porque, según decía en una entrevista con Efe, le acerca "sin temor" a la muerte.Su curiosidad musical no se vió nunca saciada y es "muy partidario" de contemporáneos como Claudio Prieto, Antón García Abril, José Peris, con el que coincidió en Munich, Luis de Pablo, Tomás Marco, Cristóbal Halffter, Lorenzo Martínez Palomo o el vienés Rainer Bischof.Director musical de orquestas de "fuste" e invitado habitual en las mejores del mundo, el que fue director, de 2004 a 2011, director titular y artístico de la Dresden Philharmonic lo era desde 2012 también de la Danish National Orchestra.Frühbeck llevaba  a sus espaldas decenas de interpretaciones de la "Novena" de Beethoven, que le conmueve porque esta "banda sonora de la humanidad y la superación" consigue, como pocas, conectar con el público.La Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), que dirigió entre 1962 y 1978 y de la que es titular emérito, anunció el pasado mes el lanzamiento de su sello discográfico con la "magnífica" versión de Carmina Burana como primer título de la colección, porque, a pesar de su intensa relación, no había hasta la fecha ningún registro fonográfico con él. Iba a ser el invitado estrella de la presentación, como lo sería del título que tenía previsto dirigir en el teatro de la Zarzuela, Los diamantes de la corona, de Barbieri, en noviembre, porque su cabeza y su agenda seguían hasta ahora en plena forma, pero el cuerpo, como él dijo recientemente, "ha aguantado hasta donde ha aguantado y Dios ha querido".

Ya nos queda un día menos

23 de mayo

Música a la segureña: ay, los niños

Por iniciativa de un joven clarinetista que se llama Daniel Broncano –al que no conozco de nada, dicho quede para que no se despierten suspicacias– y siguiendo el método del crowfunding –ya saben, con mucho voluntario pero poquísimo apoyo institucional–, se celebró en la preciosa villa de Segura de la Sierra, a una media hora en coche de donde resido desde hace seis años, la primera edición del festival Música en Segura. Se han ofrecido un total de siete espectáculos, más unas clases magistrales y un concierto pedagógico para chavales de Primaria y Secundaria, este último celebrado en la vecina localidad de Orcera –de donde es oriundo el organizador– y en colaboración con el ayuntamiento local. Llevé a mis alumnos de 1º y 2º de la ESO a una de las dos funciones de este último. A los que quisieron ir, claro, que no fueron muchos. Los resultados fueron muy buenos, aunque también es cierto que la gama de edad era tan amplia –calculo que desde los cuatro años hasta los catorce–, que para unos el espectáculo se quedaba algo “corto” en lo que a “nivel de explicaciones” se refiere y a otros les venía grande; de hecho, hubo niños que se pusieron a corretear por el pasillo como si estuvieran en un cine, algo comprensible porque con semejante edad no está uno hecho para escuchar fragmentos de Mozart y Beethoven. Quizá para la próxima edición se puedan reorientar las sesiones, haciendo una para los más pequeños y otra para los mayores. Los músicos estuvieron formidables, simpáticos y desenvueltos, cercanos a los chavales, y por ello altamente didácticos. Además tocaron muy bien; personalmente destacaría la formidable actuación de la flautista Rosanna Ter Berg con una breve obra que, supongo, sería la que interpretaba esa misma noche para los adultos, Zoom Tube de un tal Ian Clarke. El propio Broncano, por su parte, lució un fraseo de enorme cantabilidad en el sublime Quinteto para clarinete de Mozart. Para mí mismo escogí dos conciertos. El primero fue el que se ofreció el sábado 17 de mayo a la una del mediodía –breve duración, y precio también reducido de 8 euros con respecto a los 20 del resto– en la pequeña capilla del imponente castillo local que perteneciera a la Orden de Santiago. Esperaba que la acústica fuera problemática, pero el ábside gótico-mudéjar –en realidad una reconstrucción reciente debida a Rafael Manzano– hizo de concha acústica y la música nos llegó estupendamente incluso a los que estuvimos en la última fila. Se interpretaron dos obras: el tan delicioso como menor Cuarteto para flauta K. 285 de Mozart y la intrigante Sonata para flauta, viola y arpa de Claude Debussy. Los intérpretes eran el arpista José Antonio Domené, el Garnati Ensemble –luego hablaré de ellos– y la citada Rosanna Ter Berg, que realizaron una labor irreprochable, ofreciendo lecturas muy bien ejecutadas, centradas en el estilo y rebosantes de musicalidad. Por desgracia, a varias personas se les ocurrió llevar a sus niños pequeños (muy pequeños: creo que los había de tres añitos) y estos se comportaron como tales, molestando a quienes estábamos en la parte de atrás. A mí me fastidiaron la mayor parte del Mozart. Se preguntarán ustedes a quién se le ocurre llevar a esas criaturitas a semejante espectáculo. Pues miren, hubo una madre que en repetidas ocasiones animó –literalmente– a su niña a pegar carreras por medio del pasillo para buscar a otros familiares. No, no les falta a estas personas no es tradición musical, sino sentido común. Algo parecido me pasó en el segundo concierto al que fui, el de clausura, que se ofreció en la iglesia de los jesuitas –horrenda, pero de nuevo con buena acústica– el domingo 18 de mayo, con nada menos que las Variaciones Golberg en los atriles: resultó simpático que un grupo de chavalillos subieran al escenario armados de clarinetes y flautas  para colaborar en las explicaciones que se dieron sobre la obra bachiana, pero luego estos chicos fueron invitados a escuchar el concierto. ¡Y les ubicaron justo en la fila detrás de la mía! Desde el principio empezaron a hablar –normal, con una música tan dura y sin nadie recordándoles que hay que estar calladitos–, así que tuve que volverme repetidamente para llamarles la atención. Perdí el hilo, claro, porque si hay una obra que exija una concentración absoluta por parte del oyente –no digamos de la de los intérpretes– es esta. ¿Tuvieron que ver estas distracciones, unidas a lo poco acogedor del recinto, con mi problema para entrar en el juego propuesto a la sazón por el Garnati Ensemble, esto es, una peculiar transcripción realizada por ellos mismos para violín, viola y violonchelo de esta cumbre bachiana? Creo que en buena medida así fue, porque esta tarde he escuchado en mi casa el disco grabado por ellos para Sony Classical, esta vez completamente a oscuras y sin distracciones, y he disfrutado mucho más. Para empezar, el viola Yuval Gotlibovich, el violinista Pablo Martos, el violonchelista Alberto Martos –estos últimos son hermanos y han formando parte de la WEDO de Barenboim– empastan de maravilla y dialogan con perfecto equilibrio polifónico y sabiéndose escuchar el uno al otro. Lo hacen, además, con frescura, vida y mucha comunicatividad, en un discurso que saben sostener perfectamente sin que la monotonía haga acto de presencia. Ahora bien, a la hora de transcribir las Goldberg y de optar por un enfoque estilístico u otro, existen irregularidades, absolutamente voluntarias, que unas veces  funcionan mejor que otras. Así, la primera mitad de la obra se aborda, en la mayoría de los casos, desde un clasicismo muy sensato en el que solo encuentro reparos en algunos detalles del fraseo aquí y allá: en el disco la audición se realiza con enorme placer. Mas luego la segunda parte arranca (la obertura a la francesa, recuérdese) con una articulación maravillosamente barroca para a partir de ahí empezar un proceso –llamémoslo así– deconstructivo, realizado con mucho riesgo e imaginación, que por momentos fascina, por momentos desconcierta y al llegar a la sublime Variación 25 termina por hacernos pensar que el resultado es muy discutible. Reparos muy personales, en cualquier caso: les recomiendo que, además de echar un vistazo a la filmación que he dejado arriba tomada en el Festival de Segovia, escuchen la grabación completa en Spotify y disfruten de esta singular propuesta de Playing Goldberg. En cuanto a Música en Segura, confío en que el proyecto tenga continuidad, encuentre el apoyo institucional que merece –sí, soy de los que piensan que iniciativas como estas deben estar parcialmente costeadas con los impuestos de todos– y vaya a más en las próximas ediciones. Asimismo espero que en el futuro se regule de manera más adecuada la presencia de los niños. Por respeto a los artistas, y también a los asistentes.




Ópera Perú

22 de mayo

Richard Wagner cumple 201 años

Por Gonzalo Tello (Ópera Perú) Es quizá la figura mas controversial de la historia de la música sino del arte en general. Richard Wagner ha sido fuente de inspiración de apasionados o detractores, objeto de estudio tanto de su obra como de su vida personal. Ambas muy excitantes, para bien o para mal. Se ha dicho y escrito de el de todo. Hay estudiosos que hasta se atreven a decir que debe ser el personaje del que mas se ha hablado en la historia de la humanidad. ¿Quién fue este hombre y por qué despierta tantos sentimientos encontrados?Perfeccionista, desde muy joven descubrió que quería revolucionar las artes con su idea de "Obra de arte total" que incluyera todas juntas con un objetivo superior. Si complicada vida de estafas, enemistades, relaciones extra maritales y ataques incluso racistas lo convierten en alguien muchas veces odiado. Sin embargo no podemos quitarle a Wagner el ser siempre un hombre sincero, mas allá de opiniones humanas cualquiera.Escribir sobre su vida y obra tomaría siglos, eso es lo dejo a los expertos. Lo que si cabe destacar es que Wagner, aunque no tiene una obra tan grande como otros colegas, ha sabido dejar huella con obras revolucionarias, las que el llamaba "dramas musicales" que marcaron una valla alta a la historia de la música que quiza luego de mas de un siglo no hemos sabido superar. Son un poco mas de 10 óperas que cada una es digna de libros y estudios minuciosos, por lo complejas y profundas. Su tetralogía "El anillo del Nibelungo" debe ser una de las obras mas grandes jamás realizadas, una Capilla Sixtina musical.Aunque ha sido satanizado desde su escrito "El judaísmo en la música" en la que arremetió contra muchos músicos, incluído Meyerbeer, quien lo ayudó al inicio de su carrera, luego el partido Nazi, y Hitler sobretodo, siendo admirador de este ompositor, usó sus obras en su régimen de exterminio. Es por eso el repudio de la comunidad judía contra la música de este autor.Sin embargo y a pesar de esos tristes episodios, Wagner se alza como un extraordinario músico, con no sólo melodías sino con formas musicales superiores. Rienzi, Lohengrin y Tannhäuser son dignos ejemplos de ópera a la máxima expresión en tiempos en que la mayoría de compositores, incluído Verdi, buscaban la simple melodía vendible. Sus drama posteriores como el "Anillo", "Meistersinger von Nürnberg", y sobretodo "Tristan und Isolde" y "Parsifal" van mas allá con tintes psicológicos y filosóficos que siguen dando que hablar.Incluso no se puede negar que fue Wagner el inspirador de tantas artes del siglo XX. No hablemos de la narrativa musical solamente, sino de otras artes, como el cine. Si bien en el siglo XX los compositores fueron mas hacia el impresonismo, es evidente la influencia de este en grandes como Mahler, Bruckner, Strauss, Debussy, Ravel, por mencionar solo algunos.Además, Wagner es el único compositor que logró hacer construir un teatro propio, con características acústicas bien pensadas, para presentar sus propios dramas musicales. Hasta hoy, el Festival de Bayreuth es la Mecca de los músicos del mundo y se sigue celebrando año a año.Durante el 2013 el mundo entero celebró su bicentenario presentando sus obras, asi como también conferencias, seminarios y exposiciones. Fue una oportunidad en que el interés sobre este autor llegó a niveles altos y muchos neófitos deseosos de superioridad musical lo conocieron y comenzaron a admirarlo. Uno de mis placeres personales respecto a este personaje fue la creación de la Wagner Society de Lima. Como en todo el mundo, existen asociaciones que se dedican a incentivar la obra de este compositor, Lima no tenía una que pueda estar en contacto con las otras y se dedique a difundirlo en un medio que poco a poco se abre a la idea de sus ideas revolucionarias en la música.Para conocer mas sobre este autor, les recomiendo escuchar estas dos conferencias, dadas el a Fundación March de España en enero de 2013 por el musicólogo y crítico José Luis Téllez. Las conferencia llevaron por título "Wagner: Su vida, su obra, su tiempo" y duran dos horas cada una. Son muy interesantes y las recomiendo especialmente. Conferencia 1: Wagner, un hombre del presente (Escuche y descargue el pdf y el mp3)Conferencia 2: Wagner, una música del futuro (puede escuchar y descargar el mp3)

Ya nos queda un día menos

18 de mayo

Rattle aborda a Rachmaninov y Stravinsky bajo el prisma de la sensualidad

Precioso programa ruso el ofrecido el 9 de noviembre de 2012 por la Filarmónica de  Berlin y el Coro de la Radio de Berlín bajo la dirección de los dos Simon, Rattle y Halsey respectivamente, en la Philharmonie de la capital alemana, y filmado por las cámaras del Digital Concert Hall. Programa además muy bien pensado, porque se unen dos piezas sinfónico-corales de dos enormes compositores, en principio antitéticos entre ellos, escritas por las mismas fechas y relacionadas en cierto modo por la importancia que se concede a las campanas, tal y como nos cuenta el propio Rattle en el vídeo introductorio: Las campanas de Rachmaninov y El rey de las estrellas de Stravinsky. Como plato fuerte, y ya sin voces, La consagración de la primavera en su versión revisada de 1947, aunque la obra se escribió más o menos en el mismo momento que las anteriores El programa se abre con una espléndida recreación de la obra sobre poemas de Edgar Allan Poe. Desde luego no es este un Rachmaninov propiamente ruso, esto es, no muy rústico, ni bronco, ni antes fogoso que meditativo, sino más bien occidentalizado y visto desde ojos antes románticos más que expresionistas, por lo que priman la sensualidad (¡asombrosa!), la calidez, la opulencia sonora y el refinamiento, lo que tiene mucho que ver tanto con la batuta de un Rattle detallista, concentrado y soberbio planificador que parece aquí retomar un tanto el espíritu de Karajan (del mejor Karajan, aunque este apenas dirigiera la música de este autor) como de la sonoridad de una orquesta de sonoridad fascinante, ora poderosa, ora de texturas que rozan el impresionismo, cuajada de solistas que tocan con la expresividad a flor de piel. En las voces hay algunas desigualdades. El joven tenor Dmitry Popov realiza una buena labor en el primer movimiento, aunque el tremebundo (casi disparatado) despliegue sinfónico-coral diseñado por Rachmaninov termina aplastándole. A Luba Orgonásová ya se le nota la edad, sobre todo en la tirantez del agudo. Admirable por su parte el bajo Mikhail Petrenko en el escalofriante cuarto movimiento. Un diez para el coro. El rey de las estrellas (Santiago Martín prefiere utilizar en su monografía sobre el compositor el nombre original, Zvezdóliki, que traduce como Rostro de estrella) es una obra corta pero de extrema dificultad –no lo digo yo, lo dijo el compositor– que requiere fuerzas orquestales y corales de gran tamaño virtuosismo extremo. Aquí las hay, obviamente, pero además Rattle y Halsey aciertan por completo a la hora de recrear la atmósfera sacra, estática y visionaria de esta pieza que (lo explica admirablemente Martín en su referido trabajo) apunta por un lado a Debussy y por otro al Stravinsky neoclásico. Sir Simon, que dirige de manera lenta y concentrada, prefiere en cualquier caso atender antes a la sensualidad del primero que a la adustez del segundo, lo que le permite a su vez mirar con el rabillo del ojo a Olivier Messiaen. La sensualidad vuelve a ser el rasgo distintivo en La consagración de la primavera. Esto no significa, en modo alguno, que Rattle ablande la pieza o que cometa ningún disparate estilístico: el maestro británico también ofrece una buena dosis de incisividad, desasosiego y tensión dramática (algo menos que en su filmación de 2003 para Esto es ritmo y la del Waldbühne de 2009), que llega a ser verdaderamente paroxística en los finales de cada una de las dos partes. Pero lo que llama la atención es la atmósfera embriagadora, cálida, evanescente y por momentos muy erótica que su batuta consigue con su fraseo lleno de naturalidad –nada aquí de sequedad o de intelectualidad stravinskiana– y una batuta que sabe extraer mil colores, de los más suaves a los más ásperos, de una orquesta que parece superarse a sí misma cada día. Cierto es que algunos pasajes concretos podrían alcanzar mayor fiereza o, por el contrario, estar mejor paladeados, pero en contrapartida Sir Simon nos desvela algunas líneas que generalmente pasan desapercibidas y realiza algún que otro considerable hallazgo (impagables las “exhalaciones” de la orquesta al arrancar la segunda parte, que ya estaban en sus anteriores recreaciones pero ahora le salen aún mejor). El concierto fue en su día transmitido a cines de toda Europa, y hoy puede verse en la Digital Concert Hall de la orquesta. Además, dos de las interpretaciones han sido editadas en compacto (no son exactamente las mismas tomas, porque para el disco se mezclaron tres conciertos) por Warner Classics: Las campanas viene con las Danzas Sinfónicas (las mismas ya comentadas aquí) y Le sacre con la Sinfonía para instrumentos de viento y Apolo y las musas. Ignoro si los CDs suenan con mayor calidad que las filmaciones de la DCH, que lo hacen muy bien pero sin especial relieve ni gama dinámica. A pesar de esta relativa limitación, se disfrutan muchísimo.



El Blog de Atticus

25 de abril

"MAROR" (Manuel Palau) - Palau de les Arts - 24/04/14

Ayer tuvo lugar en el Palau de les Arts de Valencia el estreno de la ópera Maror, compuesta por el valenciano Manuel Palau Boix (1893-1967). No sólo se trataba del estreno de la obra de un compositor valenciano y de la primera vez que se interpretaba en Les Arts una ópera escrita en lengua valenciana, sino que además era la primera ocasión en que se representaba escenificada desde que fuese escrita a mediados del siglo pasado. Con esos ingredientes y unas elecciones próximas con perspectivas no muy halagüeñas para el partido actualmente en el poder, a la Consellera de Cultura de la Generalitat María José Catalá le ha faltado tiempo estos días atrás para colgarse todas las medallas de este evento, erigiéndose en la gran defensora de las esencias valencianas y de “lo nostre”, llegando a calificar el acontecimiento como “la gran cita de la ópera de este año”. Si antes de asistir al estreno la frase de la Consellera ya resultaba ridícula, tras lo visto y oído ayer la imbecilidad alcanza lo patético. Realmente la gran cita de la ópera en Valencia, y de la cultura en general, sería la de ver a la Consellera Catalá en la cola del paro. De momento, como era de esperar, donde la vimos ayer fue en un palco de Les Arts de lo más nutrido. Era curiosa la imagen anoche de la sala principal de Les Arts, con más huecos que nunca en todas sus zonas, salvo en los palcos oficiales, normalmente vacíos y ayer rebosantes. Parecía el negativo de su fotografía habitual. Eso sí, el que no estuvo ni por esas, fue el President Fabra, y es que este hombre no va dos veces a la ópera en apenas 15 días ni aunque le obliguen con una pistola en la sien. Además de la Consellera, pude ver por allí al vicepresidente de las Cortes Valencianas Alejandro Font de Mora o al Director General de Culturarts, Manuel Tomás, entre otros especímenes de la triste realidad política valenciana, todos haciendo piña para que se vea que son los más valencianos del mundo y que si no vienen más a la ópera es porque Helga se empeña en programar espectáculos extranjerizantes en italiano, alemán, francés y hasta en ruso, de gente con nombres tan ridículos como Verdi, Wagner, Berlioz o Tchaikovski. Bueno, el caso es que, independientemente de las memeces que suelte por su boca nuestra Consellera, la cita con Maror suscitaba mi interés por ser una oportunidad de descubrir la ópera de un músico con una producción solvente como es Manuel Palau, y he de decir que el resultado ha sido muy decepcionante. Si hubiéramos asistido a un taller de ópera o a una función del Centre de Perfeccionament, la cosa podría tener un medio pasar, pero en una función de abono en el Palau de les Arts, queriéndose vender además como el acontecimiento de la temporada, no. Decía también el otro día la Consellera Catalá que se iba a grabar la obra en DVD. Pues si es así, ya pueden prepararse los técnicos a insertar más trucos que en una peli de Bruce Lee si no quieren hacer el ridículo internacional. Si la cosa no funcionó fue, fundamentalmente, por culpa de un reparto vocal de juguete e inadecuado, y una burda dirección musical. Lo menos decepcionante de todo ha sido precisamente la partitura de Palau. La música de Maror es interesante. Tiene un rico colorido que a veces recordaba a Debussy, otros instantes a Puccini y presenta rasgos que remitían a otros compositores como Rodrigo, todo ello con una innegable vena verista y haciendo gala de una cuidada orquestación. Como en otras muchas obras de Palau, hay también en Maror referencias al folclore popular, que aquí se materializa en la escena inicial del segundo acto, ese momento “demostración sindical del Primero de Mayo” que me pareció musicalmente muy atractivo, aunque se hace un poco largo y, lo que es peor, la acción cae en picado y cualquier atisbo de tensión dramática que se pudiera haber generado desaparece. Ese segundo acto contiene los instantes musicales más destacados, culminando en el bello concertante final que ayer, lamentablemente, fue masacrado a gritos y batutazos. El libreto de Xavier Casp me convence bastante menos. No me parece que desde el punto de vista estilístico tenga nada destacable y, como construcción dramática, se resiente de una narración apresurada en la que las emociones de los personajes y sus perfiles psicológicos no acaban de asentarse. Las situaciones se suceden velozmente y los sentimientos mutan sin un sostén dramático serio. En conjunto, pienso que es una obrita que vale la pena conocer, independientemente de la partida de nacimiento de su autor, y que podría funcionar en programas dobles tipo Cavalleria/Pagliacci. Cosa distinta es la relevancia que se le ha querido dar, a mi juicio exagerada, pues no estamos tampoco ante un Tristan e Isolda redescubierto. La dirección musical corrió a cargo del valenciano Manuel Galduf, quien  debutaba en el foso al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y, personalmente, confío en que sea su última colaboración. Galduf se cargó directamente la riqueza musical y orquestal de Palau con una dirección ruda y plana, ayuna de matices, en la que el variado colorido de la partitura se quedó en un uniforme gris marengo. Puso el piloto automático del forte y allí daba igual que hubiese un director de orquesta o un chimpancé beodo espantándose moscas con un palitroque. La primera consecuencia de ello fue que avasalló a las voces, ya de por sí escuálidas, sin compasión, habiendo muchos pasajes donde no se sabía si los cantantes realmente cantaban o estaban bostezando. Los momentos más líricos se pretendían reforzar a base de ralentizar algo el tempo, pero sin refinamiento alguno que impregnase la obra de sentimiento y condujese al espectador por las diferentes emociones que atraviesan el drama, enfatizando su representación escénica. Si tuviéramos que atenernos a las emociones transmitidas desde el foso, a mi butaca al menos lo único que llegó fue inseguridad en la ejecución, desorden, falta de implicación con la obra y bastante aburrimiento. Y es que los desfases entre escena y foso, y entre las diferentes secciones orquestales entre sí, fueron abundantes. Tampoco resultaba extraño observando la técnica de batuta de Galduf, con la mirada clavada en la partitura todo el tiempo. Jamás he visto en un foso a un director aparentemente tan ajeno a lo que ocurría en el escenario, con los ojos fijos en la puntera de sus zapatos pese al desorden que reinaba por momentos. El concertante final del segundo acto fue un ejemplo perfecto del caos. La orquesta tocaba en forte con desequilibrios entre secciones; Javier Palacios, cual Buster Keaton, abría la boca sin que se le oyese; algo más se escuchaba a Sandra Ferrández y Josep Miquel Ramón, pero tenían problemas de afinación; Minerva Moliner clavaba agudos hirientes como si pasase una ambulancia gatuna por el escenario; y, mientras tanto, Galduf parecía que estuviese espantando mosquitos con la batuta mientras miraba si llevaba caquita de gos en el zapato. De los miembros de la Orquestra de la Comunitat Valenciana poco puede criticarse. A nivel de ejecución individual estuvieron sobresalientes, con destacadas intervenciones de percusión, maderas y la siempre excelente cuerda, pero ayer faltaba un director. La entrada en escena del Cor de la Generalitat subió muchos enteros el nivel vocal de la noche, pero ni su posición en escena ni el ataque brutal de las tropas galdufianas favorecían su lucimiento. Más me gustó la intervención final del coro femenino, recogida y matizada, un oasis en medio de la mediocridad. También es merecedor de felicitación el trabajo llevado a cabo por los niños de la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats, pese a algunos despistes estuvieron bastante bien en escena y vocalmente consiguieron sobrevivir al caos. El reparto de solistas vocales fue otro cantar, nunca mejor dicho. Yo tenía bastante confianza en descubrir unas voces jóvenes interesantes, como ya ha ocurrido otras veces en el Palau de Les Arts, pero claro, en tales ocasiones el trabajo de Helga Schmidt estaba detrás, cosa que no parece haber ocurrido ahora. Sea como fuere, lo cierto es que el nivel vocal de anoche fue impropio de un teatro de ópera que pretenda ofrecer espectáculos de primera categoría. El principal lastre estuvo en la soprano Minerva Moliner en el papel de Rosa. Me duele enormemente decirlo, pero presentó una de las voces más feas, de timbre más ingrato, que yo he escuchado nunca. Además, después de haberse vendido que el papel estaba escrito para una soprano dramática, exhibió una voz sin peso, etérea, ligerísima, a la que venía grande una página tan exigente. Sus ascensos al agudo, aunque alcanzaba las notas y las mantenía con suficiencia, eran una auténtica tortura para el oído. El sonido se entubaba y enmascaraba, adquiriendo una vibración caprina, y era emitido con timbre hiriente, chirriante y gatuno. Por otra parte, su pronunciación fue ininteligible y, francamente, daba igual que fuese la primera ópera que se representaba en Les Arts en valenciano o en chino mandarín. La expresividad tampoco fue el fuerte de la Moliner y, tanto vocal como dramáticamente, su interpretación resultó más sosa que un polo de tofu. La gestualidad, en los momentos más intensos emocionalmente, se limitaba a tocarse mucho, cual Torrente en la sección de lencería de El Corte Inglés. También presentó Javier Palacios, como Tonet, una voz pequeña y con poco cuerpo, y no me convenció. Al igual que ocurre con el rol de Rosa, el de Tonet es también muy exigente, navegando continuamente por la zona del pasaje, y, precisamente, me dio la impresión de que el tenor no tiene bien resuelto el paso, ya que la voz perdía cobertura y mostraba ostensibles tiranteces, estridencias y nasalidades. Lo que no se le puede negar es su entrega y valentía, y sus esfuerzos por dotar a su canto de expresividad, aunque su gestualidad se limitase a doblar las rodillas y poner los brazos en gesto de acunar un bebé, dando la impresión de que estuviese todo el rato haciendo sus necesidades (mayores) en el campo. Algo más me gustó la siempre eficiente Cristina Faus como Maria. Así como Sandra Ferrández como Teresa, con una voz rica, agradable timbre y buenas cualidades interpretativas; y Josep Miquel Ramon (Toni), aunque a estos últimos se les fue la afinación en más de una ocasión, llegando el cantante de Alboraya a gallear ostensiblemente al final del primer acto. Pienso que ni a Ferrández ni a Josep Miquel Ramón se les adecuaba el papel que afrontaron, como tampoco se ajustaba a un entregado Bonifaci Carrillo (Tío Estrop) un rol que precisaba de mayor envergadura vocal. Más que correctas resultaron las breves intervenciones de los miembros del Cor de la Generalitat, Boro Giner (Marinero) y Yolanda Marín (Voz interior). La dirección escénica fue responsabilidad de Antonio Díaz Zamora, con la escenografía de Manuel Zuriaga, el vestuario de Miguel Crespí y la iluminación de Carles Alfaro. La cosa no fue nada del otro mundo, pero creo que el balance es positivo. El espacio escénico está dominado por lo que parece parte del esqueleto de un barco que, junto a paneles móviles de madera, delimitan los diferentes ambientes en los que se desarrolla la acción. Una pequeña superficie con agua en el proscenio y las videocreaciones de Miguel Bosch, hacían mayor énfasis en la omnipresencia del mar que marcará el destino de los protagonistas, pasándose de la calma inicial a la feroz marejada (maror) que cerrará la obra. Visualmente la propuesta me convenció y creo que tanto las videoproyecciones como la iluminación funcionaron bien. Menos me gustó el apartado del movimiento de actores donde creo que no hubo muchas ideas, así como que se decidiese llenar el suelo del escenario de arena, que allí no se sabía si estaban en Pachá Ibiza o en Supervivientes. Además, los bailes coreografiados por Julia Grecos, que me parecieron muy pobres, de función de colegio mal ensayada, levantaron una considerable polvareda. La sala presentaba el aspecto más desolador de toda la temporada, con muchísimos huecos en platea y los pisos altos prácticamente vacíos, y eso pese a que en los últimos días ha habido un reparto masivo de entradas, lo que conllevó la presencia de mucho niño demasiado pequeño en la sala y gente no habitual que se creía que estaba en la horchatería del barrio comentando la acción. Los espectadores se mostraron muy fríos y al llegar el descanso los aplausos apenas alcanzaron el límite de la cortesía. Algo más se aplaudió al final, comenzando por un Bravo proveniente de una zona sospechosamente cercana a la que ocupaban los representantes de Culturarts. El elenco masculino fue más aplaudido que el femenino, siendo también valorada positivamente la dirección de escena. Únicamente se escuchó algún abucheo acompañando la salida de Galduf. Espero que algunos y algunas de los que ocupaban los palcos oficiales hayan comenzado a reflexionar porque, según ha anunciado también la Consellera Catalá, esto sólo es el principio y su intención es que todos los años se represente, al menos, una ópera de un autor valenciano. A mí todos los cupos impuestos de entrada me originan rechazo y este también, pero procuraré explicarme. No me parece mal que se utilicen los múltiples espacios del Palau de les Arts para que las composiciones de músicos locales se den a conocer, igual que me parecería deseable que pudiera tener más presencia la zarzuela o la ópera contemporánea, pero no dentro de la temporada de abono, sino, por ejemplo, como se va a hacer próximamente en el Festival del Mediterrani con el estreno de dos óperas de Ramón Sampedro y Mario Castelnuovo-Tedesco. Es positivo que se conozcan y representen las creaciones de músicos locales, pero, no nos engañemos, la denominación de origen Valencia no va a hacer mejores las obras que no lo sean ni va a atraer nuevo público a la ópera, pudiendo alejar definitivamente de Les Arts al hoy abonado. No tiene ningún sentido que la crisis económica haya llevado a tener que acudir a una programación de gran repertorio, popular, que garantice el éxito de taquilla, y ahora queramos trufarla con un cupo valenciano que, como se demostró ayer con Maror, tiene garantizado el fracaso económico. Para eso intercalemos en la programación títulos minoritarios pero que sí suscitan el interés de muchos aficionados, que pueden incluso viajar hasta aquí para ver óperas como Pelléas et Melisande, Le Grand Macabre, La ciudad muerta o Lulú, no para ver Maror. Es evidente que Helga Schmidt todo esto lo tiene muy claro. Ella sabe que el éxito del proyecto pasa, fundamentalmente, por ofrecer calidad y el poco presupuesto que haya debería ir destinado a eso. Lo que no es de recibo es que desde la Generalitat se le recorte el presupuesto y encima se quiera llevar el teatro a programaciones suicidas reflejo de un concepto de la cultura localista y más caduco que verse Dirty Dancing en un video Betamax con los calentadores puestos. video de Palau de les Arts Reina Sofía

Ya nos queda un día menos

22 de marzo

Gaspard de la nuit, una obra maestra

Como pronto voy a hablar sobre un par de sensacionales recreaciones de Garpard de la Nuit, traigo aquí un extracto de las notas al programa que escribí para un recital que ofreció Joaquín Achúcarro en el Teatro Villamarta en mayo de 2001. La interpretación de esta obra genial a cargo del pianista bilbaíno me pareció extraordinaria. ___________________________________ A pesar de su fama, todavía está por apreciar de manera definitiva la obra de Maurice Ravel (1875-1918). Quizá, como señala Achúcarro, el problema resida en que se la ha valorado desde una óptica corta de miras: “se le etiquetó ante todo como inventor de colores sonoros, orquestales y pianísticos, pero, ¡es tan grande lo que hay por debajo de eso!”. Quizá sea Gaspard de la nuit su obra maestra para el piano. Se trata de un tríptico programático inspirado en tres poemas del poco conocido poeta romántico francés Aloysius Bertrand (1807-1841), que hemos incluido en una de las solapas de este programa; de ahí que nos extendamos en el argumento (el canto de una ninfa acuática en la primera de las piezas, el macabro balanceo de un ahorcado en la segunda, con el insistente tañido de una campana al fondo, y las andanzas de un maléfico duende en la tercera). Estilísticamente este tríptico resulta ambivalente e inclasificable. Por un lado, se aleja de la tradición de Liszt al tiempo que le rinde homenaje. Por otro, está en deuda con las innovaciones de Debussy pero propone una vía paralela. Igualmente, responde a la estética habitual en Ravel pero se aleja de ella al incluir una dosis de dramatismo, negrura y hasta morbo que no encontramos en sus más célebres creaciones. Dificultad extrema entraña la ejecución de estas piezas, sobre todo la tercera, Scarbo, considerada como una de las páginas más difíciles de toda la literatura pianística. Esto no era ningún problema para quien estrenó la obra en 1909, el pianista catalán Ricardo Viñes. Amigo íntimo de Ravel desde su adolescencia, ambos compartieron andanzas homoeróticas en el liberal París de la época, pero también una extraordinaria pasión por la música y la poesía. Su vivencia conjunta de ambas artes derivó en intensas colaboraciones en las que se gestaron obras de asombrosa hermosura. Entre ellas, la que tenemos la oportunidad de disfrutar en las manos de Joaquín Achúcarro, quien la ha convertido en uno de sus caballos de batalla: tras más de cincuenta años desentrañando sus secretos, su reciente versión discográfica está despertando la admiración de toda la crítica. Así, lo que escuchamos esta noche pertenece, como las criaturas que pueblan Gaspard, al reino de la fábula.   GASPARD DE LA NUIT POEMAS DE ALOYSUS BERTRAND 1. Ondina “¡Óyeme! ¡Óyeme! Soy yo, soy la Ondina, que acaricia con estas gotas de agua los sonoros rombos de cristal de tu ventana, iluminada por los taciturnos rayos de la luna; y aquí está, con su vestido de moaré, la señora del castillo, que contempla desde su balcón la hermosa noche estrellada y el hermoso lago dormido. Cada ola es una ondina que nada en la corriente, cada corriente es un sendero que serpentea camino de mi palacio, y mi palacio es una construcción fluida, al fondo del lago, en el triángulo del fuego, de la tierra y del aire. ¡Óyeme! ¡Óyeme! Mi padre mueve el agua que croa con una rama de aliso verde, y mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas islas de hierbas, de nenúfares y de gladiolos, o se burlan del sauce caduco y barbudo que pesca con caña.” Una vez murmurado su canto, me suplicó que me pusiera su anillo en el dedo para convertirme en el esposo de una Ondina, y visitar con ella su palacio, para ser el rey de los lagos. Y al responderle yo que amaba a una mortal, enfadada y llena de despecho, derramó unas cuantas lágrimas, soltó una carcajada y se desvaneció en forma de aguaceros que resbalaron, blancos, por mis vidrieras azules.   2. El patíbulo ¡Ay! Lo que estoy oyendo, ¿no será el cierzo nocturno que chilla destempladamente, o acaso será el ahorcado, que suspira en la horca patibularia? ¿Será algún grillo que canta, agazapado entre el musgo y la hiedra, con los que se adorna la madera por compasión? ¿Será alguna mosca que va de caza tocando la trompeta alrededor de esos oídos sordos a la fanfarria de los gritos de acoso? ¿Será algún escarabajo que, con su vuelo desigual, arranca un pelo sangriento de su cráneo pelado? ¿O tal vez sea una araña, que borda media ana de muselina para hacerle una corbata a su cuello estrangulado? Es la campana que tañe allá por el horizonte, entre los muros de una ciudad, y el esqueleto de un ahorcado al que enrojece el sol poniente.   3. Scarbo ¡Oh! ¡Cuántas veces pude oír y ver a Scarbo, cuando a la medianoche brilla la luna en el cielo como un escudo de plata sobre una bandera azul, sembrada de abejas de oro! ¡Cuántas veces oí zumbar su risa entre las sombras de mi alcoba, y el chirrido de sus uñas sobre la seda de las cortinas de mi cama! ¡Cuántas veces lo vi bajar del entarimado, dar una voltereta sobre un pie y echarse a rodar por la estancia, como el huso que cae de la rueca de una bruja! ¿Pensé yo entonces que se había desvanecido? El enano crecía entre la luna y yo, como el campanario de una catedral gótica, ¡con un cascabel de oro tintineando en su gorro puntiagudo! Mas pronto su cuerpo se tornaba azul, diáfano, como la cera; su rostro perdía el color igual que el cabo de una vela y, de súbito, se apagaba.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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