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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

sábado 28 de febrero de 2015


Pablo, la música en Siana

Hoy

Geografías musicales

Pablo, la música en SianaViernes 27 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: concierto de Abono 6, OSPA, Leticia Moreno (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Thomas Adès, Lalo, Copland y Debussy. Escribe David Moro Vallina en sus notas al programa, enlazadas en los compositores, que también remarcó en la conferencia previa al concierto, que "la música es un medio eficaz para movilizar sentimientos de nostalgia y establecer asociaciones dentro de una comunidad debido a su gran poder connotativo", pudiendo añadir de mi cosecha el enorme poder evocador de la música, no ya de sabores (que en ésto también se está trabajando) o sensaciones individuales, sino también de imágenes, incluso de cierta memoria colectiva que nos lleva a asociar músicas con películas, series, e incluso viajes, geografía personal de cada uno intrínseca a la de los intérpretes y compositores, por lo que este último concierto de febrero de la OSPA estaba lleno de "exotismos y evocaciones". Volvía a sonar la música de Adès (1971) en el auditorio por nuestra orquesta, esta vez con la obertura de su ópera La tempestad (2004), nuevamente plagado de música para imágenes, derroche instrumental para una formación reforzada para este concierto, breve y apostando por el despliegue máximo dando protagonismo al metal y la cuerda con una percusión abundante que no suele fallar en las obras actuales merced al colorido que aportan a las obras. Milanov se encuentra cómodo en estos repertorios y se le nota, casi diría que es transparente por no usar la expresión coloquial de "tenerle calado", y permitió a sus músicos explayarse a gusto en todas las dinámicas de la partitura aunque con poca exigencia por su parte. La madrileña Leticia Moreno se presentaba en la capital con un violín Nicola Gagliano de 1762 para interpretar la llamada Sinfonía española, op. 21 de Lalo, dada a conocer por el virtuoso navarro Pablo Sarasate y que no suele faltar en el repertorio de todo gran violinista, aunque musicalmente no sea de los conciertos grandes que la española interpreta. Además de la visión que un francés tiene de la llamada música española, y Leticia la conoce de primera mano, lo cierto es que los cinco movimientos repasan ritmos y aires cercanos desde una orquestación rica que por momentos tapaba el sonido del violín de Leticia Moreno, algo corto en volumen pero siempre melódicamente bien llevado, escritura no muy difícil que debe compensarse con una interpretación sentida como hizo Leticia Moreno, fichaje español del sello amarillo. Milanov concertó correcto aunque sin mimar mucho las dinámicas, algo grandes para una obra al servicio del solista. Ritmos de habanera para el Allegro ma no troppo, el Intermezzo y más lenta para el Andante, aires de jota en el Scherzo y el llamado "punto de la Habana" para el Final son guiños geográficos más allá de nuestra piel de toro que musicalmente sonaron universales y de menos a más, destacando la energía última tras unos movimientos algo neutros a cargo de todos y donde la solista pudo destacar algo más. Al menos disfrutamos con su regalo de la Nana de Falla en arreglo con el arpa de Miriam del Río, dejándonos nuevamente la idea de una violinista con mucho gusto sin necesidad de alardes virtuosísticos, primando la musicalidad sobre la técnica "pirotécnica", algo que se agradece por escasear. Las mujeres están dominando también el mundo de los solistas, y dos semanas lo corroboraron en Oviedo, geografías de ambos lados del Atlántico con el puente musical universal. Foto ©WEB MusiEspañaSegundas partes pueden ser buenas en contra del dicho, y esta vez Milanov se enfrentaba a dos obras que conoce, domina y le gustan, mostrando su mejor cara y estilo desde el podio, marcando y mandando, cuando la batuta se mueve precisa y la izquierda sonsaca los pasajes importantes, conocedor de la enorme calidad de todos los solistas y secciones, destacando esta vez las cuatro trompas, totalmente nuevas, que brillaron con luz propia ensambladas en el conjunto como si llevasen todo el tiempo con sus compañeros. Foto © OSPAcomLa suite Primavera Apalache (Copland) evoca el oeste americano por utilizar esas músicas asociadas a las imágenes de nuestro recuerdo, la colonización, el paisaje y hasta el color que Aaron Copland vuelca en esta partitura también coreografiada por la gran Marta Graham. El titular búlgaro llevó una versión llena de luz y detalles en cada pasaje, con la colaboración y entrega de los músicos de la OSPA, etapas de un viaje compartido, excelencias de los solistas subrayando las melodías, ambientando un largo itinerario que alcanza su destino en el conocido tema Simple Gifts que conquistó tierras y público en esta hermosa y lograda composición del primer músico estadounidense tildado de nacionalista al que el poder de la imagen ha hecho todo un clásico. Y el color orquestal, como los estilos pictóricos, pasaba del naturalismo al llamado impresionismo, aunque Debussy es mucho más y El mar (mejor La mer en femenino) casi pareció pintado por Darío Regoyos en el sentido de hacerlo más Cantábrico que nunca. Los tres movimientos resultaron un viaje por estados meteorológicos cercanos donde la música olía a salitre, casi nos salpicaba y llevaba a feliz puerto asturiano. Milanov fue el capitán seguro con una tripulación de primera, Del alba al mediodía en el mar presentaba un mar tranquilamente traicionero, en esa calma de grises que amenaza los Juegos de olas siguientes, resacas oceánicas con intervenciones solistas todas destacables, una buena, la siguiente mejor, empaste ideal para el "sonido OSPA" característico que no siempre sale a flote, para lograr el Diálogo del viento y el mar, de música e intérpretes, director y orquesta remando en la misma dirección, un Debussy magistral pintor de sonidos que la gran paleta y pincel seguro hicieron más nuestro aún. El "capitán" búlgaro seguirá al mando rumbo a Bilbao antes de cambiar de barco para dejar nuestro navío asturiano al mando del "sobrecargo" Lockington, quien nos traerá nuevas singladuras también con mujeres solistas y de casa. Espero seguir con el cuaderno de bitácora relatando las distintas etapas.

Scherzo, revista de música

19 de febrero

Pierre Delignies en el Lázaro Galdiano

Esta tarde en el auditorio del Museo Lázaro Galdiano, el pianista Pierre Delignies (Santander, 1990) ofrecerá un recital con obras de Debussy, Albéniz y Prokofiev. El recital, que comenzará a las 19:30 y que es de entrada libre hasta completar el aforo de la sala, pertenece al ciclo que el museo organiza en colaboración con la AIE.   leer más




Ópera Perú

18 de febrero

OSN presenta concierto de compositores americanos

(Ópera Perú).- Un programa fresco con obras famosas de compositores americanos es lo que presentará en su segundo concierto de la temporada de verano la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú este viernes. Para esto se ha invitado a un joven director de origen indio y nacionalidad americana, Ankush Kumar Bahl.Este joven artista tiene una distinguida carrera, ya en su cuarta temporada como director asistente de Christoph Eschenbach en la National Symphony Orchestra de EE.UU, orquesta con la cual llegará a casi cien presentaciones al final de esta temporada. ha dirigido asimismo, en Estados Unidos y Europa, a orquestas como la Royal Concertgebouw Orchestra, Orchestre National de France, National Opera Orchestre de Nancy, Copenhagen Philharmonic, entre otras, y esta temporada hace su debut con orquestas de Canadá y Sudamérica. Además, ha trabajado en clases maestras con Sir Colin Davis, Michael Tilson Thomas, David Zinman, David Robertson, James Conlon, Sergiu Comissiona, Gunther Schuller, Gustav Meier, Larry Rachleff, David Effron, Michael Stern, and Jorma Panula.Kumar Bahl debutará al frente de la OSN en el Gran Teatro Nacional en un programa netamente americano, que incluye el estreno peruano de "Chairman Dances" de John Adams; el "Concierto Indio" para violín y orquesta del peruano Theodoro Valcárcel. Luego, en la segunda parte, conducirá tres obras representativas de la música clásica estadounidense del siglo XX: "El salón México" de Aaron Copland, el "Adagio para cuerdas" de Samuel Barber; y "Un americano en París" de George Gershwin.Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.Chairman dances es una obra compuesta por John Adams (EE.UU, 1947), en 1985, subtitulada foxtrot para orquesta. Fue comisionada por la Sinfónica de Milwaukee y es un extracto de la ópera "Nixon en China", una de sus obras mas famosas, la cual estaba componiendo durante ese período. Esta pieza pretende evocar un baile seductor y ficticio entre Mao-Tse Tung y su esposa, durante la cena oficial ofrecida a Nixon.El "Concierto indio" de Theodoro Valcárcel (Perú, 1902-1942)  fue escrito en 1940 con el título de "Partita" y originalmente para violín y piano. Esta obra, como todas las del compositor, están escritas con un carácter indigenista y una excelente aplicación al lenguaje clásico, lo cual le dio la fama internacional. Esta obra contará como solista con la alemana Nora Chastain, quien la grabó junto a la Bürttembergische Philharmonie Reutlingen, dirigida por Gabriel Castagna, y se puede encontrar en un disco del sello Chandos.A propósito de esta obra, que se presenta en el marco de una retrospectiva a la obra de Theodoro Valcárcel, que la OSN interpretará durante 2015, su sobrino, nieto, Fernando Valcárcel, ha escrito:"En 1930 Theodoro Valcárcel se encontraba en París. Pocos meses antes había llegado a Europa como delegado oficial peruano para las Exposiciones de Barcelona y Sevilla. Pero como muchos de los compositores latinoamericanos invitados a tales eventos, la oportunidad fue propicia para continuar un periplo por diversas ciudades europeas con el fin de dar a conocer sus obras y asimilar y conocer las nuevas tendencias que se desarrollaban en aquellos años. El 12 de abril de 1930 Theodoro presentaba en la Sala Pleyel, mítico escenario parisino, una selección de sus mejores obras. Tuvo el concurso de eminentes artistas entre los que se encontraba el célebre pianista español Ricardo Viñés, cuya nombradía la atestiguan las obras escritas especialmente para él como “Noche en los jardines de España”, de Manuel de Falla; y que estrenó, además, obras de algunos de las más importantes compositores vanguardistas de inicios del siglo XX como Debussy, Ravel y Satie. En aquella ocasión, Viñés interpretó la Ñusta en el arroyo, Ronda de las colinas, Danza del fuego sagrado, Puna nevada, Cortejo nupcial y Danza imperial. A él se sumaron la cantante Marie France de Montaut que interpretó una selección de sus canciones; y la chelista Adèle Clément que presentó su Himno al Sol. También el violinista Georges Zumbieh (a la postre quien estrenó el Concierto indio pero en su versión para violín y piano, aunque Virgilio Laghi ya había interpretado algunas partes de la obra en julio de 1929 en Lima). Los recortes periodísticos dan cuenta del recibimiento favorable y entusiasta de la crítica y del público. Pocos meses después, la casa editorial Maurice Senart editaba sus Cuatro canciones incaicas. ".El Salón México de Aaron Copland, es, como su nombre lo indica, una pieza sinfónica que ilustra un salón de baile de ese país. La obra se inspira en cuatro piezas folklóricas mexicanas. La obra fue estrenada por Carlos Chávez y la Sinfónica mexicana en 1937.El Adagio para Cuerdas de Samuel Barber (EE.UU. 1910 - 1981) es una obra melancólica y muy popular por películas como Platoon de Oliver Stone o El hombre elefante de David Lynch. Es una versión para cuerdas extraída del segundo movimiento de su Cuarteto para cuerdas, Op. 11.Fue estrenada en 1938 en Nueva York.Finalmente escucharemos una de las obras mas destacadas de George Gershwin (EE.UU. 1898-1937), Un americano en París, un poema sinfónico con todas las influencias jazzísticas propias del compositor, estrenado en 1928. La obra narra las vivencias de un hombre americano de visita en la Ciudad Luz. La partitura incluye celestas, saxofones e incluso bocinas de automóviles. Se dice que el propio Gershwin trajo bocinas de Paris a Nueva York para su estreno con la New York Philharmonic. Esta famosa obra inspiró una película musical del mismo nombre, protagonizada por Geene Kelly, en 1951. También un ballet creado por Christopher Wheeldon, y estrenado por el NYC Ballet en 2005.Este concierto resulta mas que interesante, y lo podremos disfrutar el viernes 20 de febrero desde las 8:00 pm en el Gran Teatro Nacional. las entradas como siempre están a la venta, desde 15 a 60 soles, en Teleticket o boletería del teatro.Además, a las 6:45 pm en el Salón VIP del GTN, se dará un conversatorio a propósito de la retrospectiva a Theodoro Valcárcel. Contará con la participación de Mónica Canales, Omar Aramayo y Fernando Valcárcel, quienes hablarán del Contexto cultural e ideológico de su música, sobre Puno en las primeras décadas del siglo XX y sobre el Concierto para violín. En ingreso a esta actividad previa al concierto es de ingreso libre.



Jean Sibelius

27 de enero

Biografía (45): fraternidad y soledad (1927)

En el presente 2015 se cumplirán los 150 años del nacimiento, un 8 de diciembre de 1865, de Jean Sibelius, celebración que significará también la conclusión de nuestro recorrido biográfico de la vida del maestro, que ya se sitúa en los últimos capítulos. De este modo pondremos ya a disposición de nuestros lectores el semblante biográfico del músico finlandés, por ahora inédito en tal extensión en nuestra lengua. Esperemos que todo este trabajo sea del provecho de aquellos que nos siguen en esta modesta aportación al fascinante mundo de la música y la figura de Jean Sibelius.____________Capítulo anterior (44): el dios finlandés de los bosques cruza el océano (1926)____________ Ha sido bastante común señalar el año de 1927 como el principio del llamado "silencio de Ainola", el cese de la composición de obras originales por parte de nuestro compositor, siendo de este modo el poema sinfónico Tapiola opus 112, terminado al año anterior, su postrer canto del cisne. Pero si nos atenemos a los hechos, nuestro músico sigue escribiendo música nueva hasta 1931, e incluso dos años, este 1927 y 1929 serán más productivos que alguno de los años anteriores. En realidad todo parece indicar que estos años entre 1927 y el 31, y mucho más allá, estuvo trabajando con suma intensidad en lo que habría sido su Octava sinfonía, trabajo concluso al menos parcialmente y que presumiblemente habría sido destruido en un exceso de celo autocrítico por su propio autor.   A comienzos pues de 1927 nada parece haber cambiado en el compositor tras su magistral Tapiola, más bien parece continuar en la línea de años anteriores, que combina solicitudes y encargos de amigos y autoridades con iniciativas mucho más personales. El 12 de enero se produce el estreno de su Música para el ritual masónico opus 113, también llamada Musique religieuse o simplemente Música masónica, estreno privado efectuado en la primera Logia de Finlandia, no en vano bajo el fin ceremonial para el que fue compuesta. A lo largo de los siguientes años nuestro músico haría varias revisiones a la obra, añadiendo además algún número - incluyendo dos nuevos coros en 1946 que son de hecho su última composición original conocida -. La partitura está escrita originalmente para tenor solista, coro masculino y armonio (en la ceremonia todos ellos miembros de la logia, incluyendo el propio Sibelius al teclado). Aunque nunca ni compositor ni miembros de la fraternidad hayan pronunciado ninguna prohibición, la obra ha tenido una difusión más o menos restringida al ámbito masónico, si bien los últimos años han conocido más de una grabación e interpretación en concierto de la obra, una partitura llena de profundidad y de misteriosa belleza, que sin duda puede situarse entre lo mejor escrito por el autor. Este encargo había sido un compromiso personal y fraternal, y es que a grandes rasgos todo indica que en esos momentos nuestro músico se siente libre de todas sus deudas y por primera vez en su vida parece tener un horizonte económico estable y con ello una gran libertad. El matrimonio se permitió pues algún lujo, que incluyó una estancia en París durante varias semanas.  Los Sibelius se alojaron en el Hôtel du quai Voltaire, en el que Wagner compuso su "Holandés errante", y que contaba con otros célebres huéspedes como Baudelaire o Wilde en su historia. La estancia se aprovechó al máximo, asistiendo a cuántos conciertos pudieron. El genio nórdico estuvo muy interesado en las novedades que los músicos de la vanguardia francesa estrenaban en aquellos días, así como conciertos de música del pasado, ámbitos musicales ambos poco frecuentes en Helsinki. "Incluso en mi lecho de muerte todavía seré un curioso de la dirección que la música esté tomando", declaraba a la vuelta a la prensa finesa. Un pensamiento por cierto que realmente mantuvo, puesto que nuestro autor siempre estará atento a la nueva música hasta el final de su vida, aun cuando no compartiera la mayor parte de esos derroteros. A parte de los músicos ya consagrados, como Debussy o Ravel, nuestro autor estuvo muy atento a la generación más joven: Honegger, Milhaud, Roussel, Schmitt... Le sorprendió mucho que en los programas se mezclase estas novedades con clásicos como Las Hébridas de Mendelssohn. A pesar de su interés, en general pareció mucho más complacido por la música del pasado, como un Triple concerto de Bach o la Sinfonía en Mib Mayor [imaginamos que la nº39] de Mozart - "nos sentíamos purifiés [purificados] del ruido de las bocinas de los coches" que por la de sus contemporáneos, cuyas sonoridades exóticas y sobrecargadas finalmente le saturaron, encontrando bastante superficialidad en las músicas de vanguardia. Mientras, se encontraba con que su propia música apenas era programada por las orquestas francesas, a pesar del interés de algunos directores como Rhené-Baton, que incluía un par de obras suyas en su repertorio habitual. Aino y Jean vuelven a mediados de abril a su patria, pasando antes por Berlín para visitar a Adolf Paul, que asistió preocupado a cómo la tos de nuestro compositor derivaba en una gripe, con la que tuvo que llegar hasta Finlandia.  El crítico norteamericano Olin Downes se había convertido en principal defensor de su trabajo en los Estados Unidos, un entusiasmo que además creció en estos años hasta el punto de ser definido por sus colegas como "el apóstol de Sibelius". En ese mes Downes le comunicó un plan para que dirigiera sus obras en la siguiente temporada por ciudades de EE.UU., donde a ciencia cierta iba a recibir un clamoroso éxito (y buenos dividendos). Pero nuestro músico dilató al máximo la respuesta. También tenía pensado visitar algunas capitales europeas ese verano, "espero visitar Finlandia y confío que pueda tener el privilegio de llamarlo". El 25 de abril Robert Kajanus presentó en Helsinki la Séptima sinfonía, Tapiola y el Preludio de "La tempestad", obras que sus compatriotas escuchaban por primera vez. El hecho de que el autor no dirigiera sus obras, y ni siquiera estuviera presente en tan magno acontecimiento sorprendió mucho al público. Se nos hace evidente que su distancia planificada de los escenarios se estaba cumpliendo estrictamente. Tampoco acudió a el nuevo festival de los Días de Música Nórdica, que tuvieron lugar en esta ocasión en Estocolmo. Una única obra le representó, el "Himno a la tierra" opus 95 de 1920, elección que no le fue consultada a Sibelius y que apenas tuvo repercusión en un festival muy volcado en los músicos más jóvenes y vanguardistas. Finlandia presentó la Tercera sinfonía de Madetoja, junto con obras modernistas de Aare Merikanto y Väinö Raitio entre otros, además de obras más conservadoras, como una Overtura sinfonica de Kajanus. Además de la reacción adversa de la crítica local (no faltando los insidiosos ataques de Peterson-Berger), la propia prensa finlandesa se sintió avergonzada de que su representación en el festival fuese en exceso atrevida. Sólo la obra triunfadora de las jornadas, la Cuarta sinfonía de Nielsen, pareció salvar a la organización de un fracaso. El 8 de mayo nuestro compositor anota una reflexión muy existencialista en su diario: "el aislamiento y la soledad me están llevando a la desesperación. Ni siquiera mi mujer me habla. [...] Con el fin de sobrevivir, tengo que tomar alcohol. Vino o wisky [sic]. Y de eso es de donde comienzan mis problemas. Estoy maltratado, solitario, todos mis amigos de verdad están muertos. Justo ahora mi prestigio aquí es inexistente. Imposible trabajar. Si hubiera una salida. Una triste pero profunda verdad: cuando las cosas van bien, estoy repleto de amigos y soy feliz. Cuando las cosas van mal, todos me dejan solo". Una nueva depresión parece acompañarle los meses de calor, depresión que intenta aplacar de nuevo bebiendo y fumando en exceso. En su diario, que esas semanas completa fielmente, anota especialmente los días de "no alcohol".  Sibelius a su piano en Ainola. Fotograma de la cinta cinematográfica rodada en 1927 (ver más abajo). Nuestro autor seguía dedicado más bien a la composición, entregando a principios de junio su contribución al cantoral en lengua sueca de la iglesia finlandesa, un coral titulado "Den höga himlen" ("El elevado cielo") JS.58a, armonizado para coro mixto, que formaría parte de la nueva edición de la música religiosa en ese idioma.  En ese mismo mes Olin Downes está en Europa, circunstancia que nuestro músico aprovecha para declinar el tour americano, a través de un  telegrama a París, alegando estar "estrechamente comprometido con nuevas obras". Ciertamente entonces terminaba su revisión de la música para "La tempestad", en forma de un Preludio opus 109 nº1 (que en realidad se presenta inalterado), y dos Suites orquestales opus 109 nos. 2 y 3. Al contrario que sucedió con su composición dos años atrás, esta revisión no le entusiasmó demasiado, hecho que fue agravado por nuevas molestias por temblores en la mano. Para las suites nuestro músico concentró y reinstrumentó varios pasajes muy atados a la escena para dar una forma de concierto satisfactoria. Sin embargo en el proceso se dejaron atrás algunos números excelentes, y esta música pierde parte de su fuerza y originalidad al presentarse de esta forma, aunque lógicamente así ha conocido más difusión. También planeó arreglar las suites para piano, pero sólo tres números fueron completados (puede que precisamente por falta de entusiasmo por revisitar la obra: "es como tener que hacer mis deberes de nuevo", anota en su diario). Las partituras orquestales son enviadas a Hansen a comienzo de julio. En agosto Downes le confirma que puede visitar Ainola, y que llegaría el 5 o 6 de septiembre, como realmente pudo hacer. Hubo problemas con el idioma, por lo que Sibelius invitó a un amigo que le hiciera de intérprete.  Al preguntarle en persona sobre qué obras eran esas en las que estaba tan concentrado, el compositor confió al crítico sus avances en la escritura de la Octava sinfonía, de la que dos movimientos ya habrían sido redactados, estando el resto ya en su cabeza. Downes pasó varios días con el maestro, tanto en Ainola como en Helsinki. A pesar de cierta cautela inicial Sibelius acogió amablemente y con gran hospitalidad a su entusiasta amigo americano, a quien la experiencia le colmaría sobradamente en sus altas expectativas: "puedo retener como un recuerdo sin precio la fuerza, el espíritu y la realidad — la maravillosa realidad de tu música". Olin Downes a su máquina de escribir. El cuadro detrás suyo denota el especial afecto que sentía por el mundo nórdico. En noviembre el Teatro Nacional de Helsinki produjo una nueva versión de "La tempestad" de Shakespeare en versión finesa, que se acompañaría de la música original compuesta por Sibelius. Su propia hija Ruth encarnó a Ariel. Para el estreno añadió un nuevo número alternativo, un Epílogo (nº 34bis) para sustituir el cortejo original. En realidad recurrió a un pasaje de la Cassazione opus 6 de 1904, una música singular que permanecía aún sin publicar.  Ese mes recibe una muy mala noticia desde Suecia: Stenhammar ha fallecido tras un larga enfermedad. Escribe a su viuda, compungido: "en mi larga vida nunca he conocido a un artista de la nobleza e idealismo de Wilhelm Stenhammar. Me siento feliz y privilegiado de haber sido su amigo. ¡Ha hecho tanto por mi arte! Qué vacío tan grande se siente ahora que se ha ido". En efecto, uno de sus mejores y más fieles amigos se une al grupo de aquellos que lo van dejando poco a poco más solo... El compositor Wilhelm Stenhammar. Retrato de 1899 de la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940) El día de su aniversario, el 8 de diciembre, dos de los hijos de su amigo y vecino, el novelista Juhani Aho, acudieron con su equipo de cine y tomaron profesionalmente imágenes del compositor y su familia en la tranquilidad de su hogar, siendo la primera de las dos únicas secuencias tomadas al compositor. Justamente el segundo grupo de imágenes corresponderá también a los mismos documentalistas, Heikki Aho y Björn Soldan, rodadas también en el cumpleaños del compositor, pero en 1945. Por suerte podemos poner a su disposición este documento único: Las primeras imágenes corresponden a 1945, y a un Sibelius mucho más mayor y tranquilo, acompañado de su esposa pero aun trabajando. En las imágenes de 1927 podemos ver a nuestro autor paseando más animado en las cercanías del lago Tuusula, y también con su piano en Ainola, tocando entusiásticamente con un cigarro en la boca. También podemos contemplar imágenes de sus hijas Heidi y Margareta tocando en el piano de su padre a cuatro manos. Heidi además toca el violín en otro momento de la cinta.  Las escenas están montadas en un documental de 6 minutos de duración, hecho público después de la muerte del autor, encargándose a su yerno Jussi Jalas (esposo de Margareta) la banda sonora (un popurrí singular con fragmentos de Finlandia y la Tercera sinfonía entre otras obras del maestro.) Sibelius seguirá componiendo su Octava sinfonía, además de alguna otra obra. No ha llegado todavía el "silencio", pero ya están presentes mucho de los elementos que parecen haberlo provocado: esa misma sinfonía de imposible perfección, su estado de eterna proximidad a la muerte, su soledad y aislamiento existencial, su incomprensión del mundo musical que lo rodeaba, su posición económica desahogada... Pero aún no ha dicho su última palabra. Ni mucho menos.  ____________ Capítulo siguiente (46). 1928-1929 [próximamente]

Ya nos queda un día menos

20 de enero

Barenboim y la WEDO, Sevilla 2015: Mozart entre toses

La obertura de Las bodas de Fígaro, dicha por Barenboim y la WEDO con nobleza, sensualidad y humor levemente jocoso antes que con carácter trepidante, había transcurrido con normalidad. También la mayor parte del Concierto para oboe y orquesta del genio de Salzburgo. Pero al llegar a la primera cadenza de este último comenzó un bombardeo de toses, de toda clase de volumen sonoro y desde todas las ubicaciones posibles del Teatro de la Maestranza, que no cesó hasta la última nota de la segunda parte. Calculé una tos cada diez segundos como promedio, sin contar los crujientes envoltorios de caramelos y otros ruidos variados con los que el público sevillano literalmente destrozó los momentos más delicados de las obras programadas, evidenciando una absoluta falta de respeto hacia los artistas y hacia el resto de los aficionados que allí nos encontrábamos. Cierto es que por estas fechas anda muchísima gente resfriada –el virus de la gripe está alcanzando su pico más alto–, y que en el concierto de los mismos intérpretes en Córdoba dos días antes aquí comentado ya se había tosido de lo lindo, pero lo de ese 18 de enero fue histórico. Solo una vez en mi vida había escuchado algo peor: fue en el mismo Maestranza, durante la Expo ‘92, en un recital en el que el malogrado Rafael Orozco intentó demostrarle a un público extremadamente maleducado las maravillas de la Iberia de Albéniz. ¿Soluciones? El propio Barenboim se había dirigido al público del Gran Teatro para hacer ver lo fácil que es amortiguar el ruido con un pañuelo, pero a los andaluces (¡y a los madrileños de Ibermúsica, que bien lo sabe el maestro!) nos gusta hacer el mayor ruido posible. Que se nos escuche bien en los momentos más inoportunos. Y parece más que dudoso que la mayoría de las toses estuvieran provocadas por problemas en las vías respiratorias: muchas eran de esas que aparecen cuando uno no está concentrado y se aburre ante lo que escucha, lo que dice mucho acerca de la naturaleza del público que acudió el domingo a escuchar un programa íntegramente dedicado a Mozart que alcanzó una absoluta excelencia interpretativa. Como intenté explicar en la comparativa discográfica del Concierto para piano nº 27, justo el que se interpretaba en la segunda parte, el Mozart de Barenboim ha cambiado mucho a lo largo de estos últimos cuarenta y siete años. Pero no lo ha hecho en el aspecto externo (tamaño de la plantilla, tempi, articulación), donde sigue apostando por la “tradición renovada” que en aquellos tiempos supuso un importante paso adelante y hoy viene siendo considerada por algunos como algo pasado de moda frente a la presunta “verdad historicista”. Ha cambiado en el plano expresivo. En la segunda mitad de los sesenta, Barenboim se empeñó en demostrar que los concierto para piano de Mozart no eran la música ante todo elegante, deliciosa y acariciadora que algunos de los intérpretes más prestigiosos se empeñaban en ofrecer; que en los pentagramas había también una buena dosis de claroscuros, de densidad dramática y de profundidad reflexiva que había que destacar. Lo consiguió con creces, pero a costa de que los resultados fueran para algunos paladares en exceso graves y severos, enlazando en este sentido –no así en el plano de las masas sonoras, de la articulación y de la velocidad– con lo que en las sinfonías andaban haciendo gente como Otto Klemperer o Karl Böhm. Una actitud, en cualquier caso, muy de Barenboim, quien siempre ha tenido claro que la música no es un mero entretenimiento, una manera de pasar el rato con más o menos hermosas combinaciones de sonido, sino que ofrece mucho más que eso a medida que se incrementa el esfuerzo intelectual por parte del oyente. Desde entonces Barenboim ha evolucionado mucho como artista. Ha moderado la radicalidad de sus propuestas y, sin perder su personalidad, ni su creatividad, ni su portentosa musicalidad, ha sabido ofrecer aproximaciones más plurales en éste y otros repertorios. En lo referente a Mozart, eso ya se empezó a ver en su segunda integral de los conciertos para piano, la que hizo con la Filarmónica de Berlín: la luz, la sensualidad, la galantería y un fresco sentido del humor son también, aunque no en exclusiva, parte de la personalidad mozartiana, aunque a la postre las aproximaciones del maestro sigan siempre una línea más lírica y honda que efervescente o coqueta. A tenor de esto último, se comprenderá que algunas sensibilidades encontrasen reparos a la lectura ofrecida el domingo del Concierto para oboe; a mí me pareció maravillosa, llena de nobleza, equilibrio bien entendido y, sobre todo, vuelo lírico de profundo aliento humanístico. En plena sintonía con el concepto, la jiennense Cristina Gómez Godoy (Linares, 1990) dejó bien claro por qué Barenboim la ha contratado para la Staatskapelle de Berlín: la chica no solo toca muy bien, sino que es una intérprete de enorme sensibilidad que sabe exactamente lo que quiere y cómo conseguirlo, aunque para ello haya que correr riesgos. En el Maestranza los corrió, hasta el punto de que a la hora de ofrecer uno de sus increíbles pianísimos –siempre torpedeados por las toses–  llegó a meter la pata. No importa, eso le pasa a cualquiera. Lo que no le pasa a cualquiera es tener tan inmenso talento, el mismo que evidenció en la propina con el maestro al teclado: la primera de las tres Romanzas para oboe y piano de Schumann, en interpretación verdaderamente exquisita. Sobre el Concierto para piano nº 27 de Mozart no puedo sino repetir lo dicho en la discografía con respecto a su último testimonio audiovisual, la interpretación junto a Antonio Pappano. Quizá Barenboim estuviera un punto menos creativo que entonces al teclado, al menos en el tercer movimiento, pero su dirección es todavía mejor que la de Sir Antonio. En cualquier caso, interpretación de primerísimo orden: yo no conozco una sola que sea globalmente superior. Tampoco creo que haya un solo pianista que sea capaz de alcanzar el grado de perfección de Barenboim en esta obra; independientemente de la referida riqueza de concepto, es imposible imaginar un teclado más sensible, más lógico y natural, más rico en matices expresivos, más atrevido en contrastes sin perder el equilibrio clásico, más variado en colores y acentos, más dialogante de tú a tú con la orquesta, más comunicativo… El de Buenos Aires habrá perdido habilidad digital para determinados repertorios, pero en Mozart toca mejor que nunca. Y mejor que nadie. Nocturno nº 8 de Chopin para terminar. Quizá alguna vez se lo haya escuchado más lento y paladeado. Quizá nunca tan rico en matices, con difuminados que apuntaban –alguien se preguntaba por el nombre del compositor a la salida– a un Debussy. ¡Que increíble técnica la de este señor! Tras las estentóreas toses que pulverizaron los últimos acordes, Barenboim se echó sobre el piano con un gesto muy significativo de derrota, mientras a los integrantes de la orquesta, poniendo la mano sobre su boca, les hacía saber su hartazgo ante la situación. No hubo más bises, claro.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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