Música Clásica online - Noticias, eventos, bios, musica & videos en la web.

Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

miércoles 28 de enero de 2015


Jean Sibelius

Ayer

Biografía (45): fraternidad y soledad (1927)

Jean SibeliusEn el presente 2015 se cumplirán los 150 años del nacimiento, un 8 de diciembre de 1865, de Jean Sibelius, celebración que significará también la conclusión de nuestro recorrido biográfico de la vida del maestro, que ya se sitúa en los últimos capítulos. De este modo pondremos ya a disposición de nuestros lectores el semblante biográfico del músico finlandés, por ahora inédito en tal extensión en nuestra lengua. Esperemos que todo este trabajo sea del provecho de aquellos que nos siguen en esta modesta aportación al fascinante mundo de la música y la figura de Jean Sibelius.____________Capítulo anterior (44): el dios finlandés de los bosques cruza el océano (1926)____________ Ha sido bastante común señalar el año de 1927 como el principio del llamado "silencio de Ainola", el cese de la composición de obras originales por parte de nuestro compositor, siendo de este modo el poema sinfónico Tapiola opus 112, terminado al año anterior, su postrer canto del cisne. Pero si nos atenemos a los hechos, nuestro músico sigue escribiendo música nueva hasta 1931, e incluso dos años, este 1927 y 1929 serán más productivos que alguno de los años anteriores. En realidad todo parece indicar que estos años entre 1927 y el 31, y mucho más allá, estuvo trabajando con suma intensidad en lo que habría sido su Octava sinfonía, trabajo concluso al menos parcialmente y que presumiblemente habría sido destruido en un exceso de celo autocrítico por su propio autor.   A comienzos pues de 1927 nada parece haber cambiado en el compositor tras su magistral Tapiola, más bien parece continuar en la línea de años anteriores, que combina solicitudes y encargos de amigos y autoridades con iniciativas mucho más personales. El 12 de enero se produce el estreno de su Música para el ritual masónico opus 113, también llamada Musique religieuse o simplemente Música masónica, estreno privado efectuado en la primera Logia de Finlandia, no en vano bajo el fin ceremonial para el que fue compuesta. A lo largo de los siguientes años nuestro músico haría varias revisiones a la obra, añadiendo además algún número - incluyendo dos nuevos coros en 1946 que son de hecho su última composición original conocida -. La partitura está escrita originalmente para tenor solista, coro masculino y armonio (en la ceremonia todos ellos miembros de la logia, incluyendo el propio Sibelius al teclado). Aunque nunca ni compositor ni miembros de la fraternidad hayan pronunciado ninguna prohibición, la obra ha tenido una difusión más o menos restringida al ámbito masónico, si bien los últimos años han conocido más de una grabación e interpretación en concierto de la obra, una partitura llena de profundidad y de misteriosa belleza, que sin duda puede situarse entre lo mejor escrito por el autor. Este encargo había sido un compromiso personal y fraternal, y es que a grandes rasgos todo indica que en esos momentos nuestro músico se siente libre de todas sus deudas y por primera vez en su vida parece tener un horizonte económico estable y con ello una gran libertad. El matrimonio se permitió pues algún lujo, que incluyó una estancia en París durante varias semanas.  Los Sibelius se alojaron en el Hôtel du quai Voltaire, en el que Wagner compuso su "Holandés errante", y que contaba con otros célebres huéspedes como Baudelaire o Wilde en su historia. La estancia se aprovechó al máximo, asistiendo a cuántos conciertos pudieron. El genio nórdico estuvo muy interesado en las novedades que los músicos de la vanguardia francesa estrenaban en aquellos días, así como conciertos de música del pasado, ámbitos musicales ambos poco frecuentes en Helsinki. "Incluso en mi lecho de muerte todavía seré un curioso de la dirección que la música esté tomando", declaraba a la vuelta a la prensa finesa. Un pensamiento por cierto que realmente mantuvo, puesto que nuestro autor siempre estará atento a la nueva música hasta el final de su vida, aun cuando no compartiera la mayor parte de esos derroteros. A parte de los músicos ya consagrados, como Debussy o Ravel, nuestro autor estuvo muy atento a la generación más joven: Honegger, Milhaud, Roussel, Schmitt... Le sorprendió mucho que en los programas se mezclase estas novedades con clásicos como Las Hébridas de Mendelssohn. A pesar de su interés, en general pareció mucho más complacido por la música del pasado, como un Triple concerto de Bach o la Sinfonía en Mib Mayor [imaginamos que la nº39] de Mozart - "nos sentíamos purifiés [purificados] del ruido de las bocinas de los coches" que por la de sus contemporáneos, cuyas sonoridades exóticas y sobrecargadas finalmente le saturaron, encontrando bastante superficialidad en las músicas de vanguardia. Mientras, se encontraba con que su propia música apenas era programada por las orquestas francesas, a pesar del interés de algunos directores como Rhené-Baton, que incluía un par de obras suyas en su repertorio habitual. Aino y Jean vuelven a mediados de abril a su patria, pasando antes por Berlín para visitar a Adolf Paul, que asistió preocupado a cómo la tos de nuestro compositor derivaba en una gripe, con la que tuvo que llegar hasta Finlandia.  El crítico norteamericano Olin Downes se había convertido en principal defensor de su trabajo en los Estados Unidos, un entusiasmo que además creció en estos años hasta el punto de ser definido por sus colegas como "el apóstol de Sibelius". En ese mes Downes le comunicó un plan para que dirigiera sus obras en la siguiente temporada por ciudades de EE.UU., donde a ciencia cierta iba a recibir un clamoroso éxito (y buenos dividendos). Pero nuestro músico dilató al máximo la respuesta. También tenía pensado visitar algunas capitales europeas ese verano, "espero visitar Finlandia y confío que pueda tener el privilegio de llamarlo". El 25 de abril Robert Kajanus presentó en Helsinki la Séptima sinfonía, Tapiola y el Preludio de "La tempestad", obras que sus compatriotas escuchaban por primera vez. El hecho de que el autor no dirigiera sus obras, y ni siquiera estuviera presente en tan magno acontecimiento sorprendió mucho al público. Se nos hace evidente que su distancia planificada de los escenarios se estaba cumpliendo estrictamente. Tampoco acudió a el nuevo festival de los Días de Música Nórdica, que tuvieron lugar en esta ocasión en Estocolmo. Una única obra le representó, el "Himno a la tierra" opus 95 de 1920, elección que no le fue consultada a Sibelius y que apenas tuvo repercusión en un festival muy volcado en los músicos más jóvenes y vanguardistas. Finlandia presentó la Tercera sinfonía de Madetoja, junto con obras modernistas de Aare Merikanto y Väinö Raitio entre otros, además de obras más conservadoras, como una Overtura sinfonica de Kajanus. Además de la reacción adversa de la crítica local (no faltando los insidiosos ataques de Peterson-Berger), la propia prensa finlandesa se sintió avergonzada de que su representación en el festival fuese en exceso atrevida. Sólo la obra triunfadora de las jornadas, la Cuarta sinfonía de Nielsen, pareció salvar a la organización de un fracaso. El 8 de mayo nuestro compositor anota una reflexión muy existencialista en su diario: "el aislamiento y la soledad me están llevando a la desesperación. Ni siquiera mi mujer me habla. [...] Con el fin de sobrevivir, tengo que tomar alcohol. Vino o wisky [sic]. Y de eso es de donde comienzan mis problemas. Estoy maltratado, solitario, todos mis amigos de verdad están muertos. Justo ahora mi prestigio aquí es inexistente. Imposible trabajar. Si hubiera una salida. Una triste pero profunda verdad: cuando las cosas van bien, estoy repleto de amigos y soy feliz. Cuando las cosas van mal, todos me dejan solo". Una nueva depresión parece acompañarle los meses de calor, depresión que intenta aplacar de nuevo bebiendo y fumando en exceso. En su diario, que esas semanas completa fielmente, anota especialmente los días de "no alcohol".  Sibelius a su piano en Ainola. Fotograma de la cinta cinematográfica rodada en 1927 (ver más abajo). Nuestro autor seguía dedicado más bien a la composición, entregando a principios de junio su contribución al cantoral en lengua sueca de la iglesia finlandesa, un coral titulado "Den höga himlen" ("El elevado cielo") JS.58a, armonizado para coro mixto, que formaría parte de la nueva edición de la música religiosa en ese idioma.  En ese mismo mes Olin Downes está en Europa, circunstancia que nuestro músico aprovecha para declinar el tour americano, a través de un  telegrama a París, alegando estar "estrechamente comprometido con nuevas obras". Ciertamente entonces terminaba su revisión de la música para "La tempestad", en forma de un Preludio opus 109 nº1 (que en realidad se presenta inalterado), y dos Suites orquestales opus 109 nos. 2 y 3. Al contrario que sucedió con su composición dos años atrás, esta revisión no le entusiasmó demasiado, hecho que fue agravado por nuevas molestias por temblores en la mano. Para las suites nuestro músico concentró y reinstrumentó varios pasajes muy atados a la escena para dar una forma de concierto satisfactoria. Sin embargo en el proceso se dejaron atrás algunos números excelentes, y esta música pierde parte de su fuerza y originalidad al presentarse de esta forma, aunque lógicamente así ha conocido más difusión. También planeó arreglar las suites para piano, pero sólo tres números fueron completados (puede que precisamente por falta de entusiasmo por revisitar la obra: "es como tener que hacer mis deberes de nuevo", anota en su diario). Las partituras orquestales son enviadas a Hansen a comienzo de julio. En agosto Downes le confirma que puede visitar Ainola, y que llegaría el 5 o 6 de septiembre, como realmente pudo hacer. Hubo problemas con el idioma, por lo que Sibelius invitó a un amigo que le hiciera de intérprete.  Al preguntarle en persona sobre qué obras eran esas en las que estaba tan concentrado, el compositor confió al crítico sus avances en la escritura de la Octava sinfonía, de la que dos movimientos ya habrían sido redactados, estando el resto ya en su cabeza. Downes pasó varios días con el maestro, tanto en Ainola como en Helsinki. A pesar de cierta cautela inicial Sibelius acogió amablemente y con gran hospitalidad a su entusiasta amigo americano, a quien la experiencia le colmaría sobradamente en sus altas expectativas: "puedo retener como un recuerdo sin precio la fuerza, el espíritu y la realidad — la maravillosa realidad de tu música". Olin Downes a su máquina de escribir. El cuadro detrás suyo denota el especial afecto que sentía por el mundo nórdico. En noviembre el Teatro Nacional de Helsinki produjo una nueva versión de "La tempestad" de Shakespeare en versión finesa, que se acompañaría de la música original compuesta por Sibelius. Su propia hija Ruth encarnó a Ariel. Para el estreno añadió un nuevo número alternativo, un Epílogo (nº 34bis) para sustituir el cortejo original. En realidad recurrió a un pasaje de la Cassazione opus 6 de 1904, una música singular que permanecía aún sin publicar.  Ese mes recibe una muy mala noticia desde Suecia: Stenhammar ha fallecido tras un larga enfermedad. Escribe a su viuda, compungido: "en mi larga vida nunca he conocido a un artista de la nobleza e idealismo de Wilhelm Stenhammar. Me siento feliz y privilegiado de haber sido su amigo. ¡Ha hecho tanto por mi arte! Qué vacío tan grande se siente ahora que se ha ido". En efecto, uno de sus mejores y más fieles amigos se une al grupo de aquellos que lo van dejando poco a poco más solo... El compositor Wilhelm Stenhammar. Retrato de 1899 de la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940) El día de su aniversario, el 8 de diciembre, dos de los hijos de su amigo y vecino, el novelista Juhani Aho, acudieron con su equipo de cine y tomaron profesionalmente imágenes del compositor y su familia en la tranquilidad de su hogar, siendo la primera de las dos únicas secuencias tomadas al compositor. Justamente el segundo grupo de imágenes corresponderá también a los mismos documentalistas, Heikki Aho y Björn Soldan, rodadas también en el cumpleaños del compositor, pero en 1945. Por suerte podemos poner a su disposición este documento único: Las primeras imágenes corresponden a 1945, y a un Sibelius mucho más mayor y tranquilo, acompañado de su esposa pero aun trabajando. En las imágenes de 1927 podemos ver a nuestro autor paseando más animado en las cercanías del lago Tuusula, y también con su piano en Ainola, tocando entusiásticamente con un cigarro en la boca. También podemos contemplar imágenes de sus hijas Heidi y Margareta tocando en el piano de su padre a cuatro manos. Heidi además toca el violín en otro momento de la cinta.  Las escenas están montadas en un documental de 6 minutos de duración, hecho público después de la muerte del autor, encargándose a su yerno Jussi Jalas (esposo de Margareta) la banda sonora (un popurrí singular con fragmentos de Finlandia y la Tercera sinfonía entre otras obras del maestro.) Sibelius seguirá componiendo su Octava sinfonía, además de alguna otra obra. No ha llegado todavía el "silencio", pero ya están presentes mucho de los elementos que parecen haberlo provocado: esa misma sinfonía de imposible perfección, su estado de eterna proximidad a la muerte, su soledad y aislamiento existencial, su incomprensión del mundo musical que lo rodeaba, su posición económica desahogada... Pero aún no ha dicho su última palabra. Ni mucho menos.  ____________ Capítulo siguiente (46). 1928-1929 [próximamente]

Ya nos queda un día menos

20 de enero

Barenboim y la WEDO, Sevilla 2015: Mozart entre toses

La obertura de Las bodas de Fígaro, dicha por Barenboim y la WEDO con nobleza, sensualidad y humor levemente jocoso antes que con carácter trepidante, había transcurrido con normalidad. También la mayor parte del Concierto para oboe y orquesta del genio de Salzburgo. Pero al llegar a la primera cadenza de este último comenzó un bombardeo de toses, de toda clase de volumen sonoro y desde todas las ubicaciones posibles del Teatro de la Maestranza, que no cesó hasta la última nota de la segunda parte. Calculé una tos cada diez segundos como promedio, sin contar los crujientes envoltorios de caramelos y otros ruidos variados con los que el público sevillano literalmente destrozó los momentos más delicados de las obras programadas, evidenciando una absoluta falta de respeto hacia los artistas y hacia el resto de los aficionados que allí nos encontrábamos. Cierto es que por estas fechas anda muchísima gente resfriada –el virus de la gripe está alcanzando su pico más alto–, y que en el concierto de los mismos intérpretes en Córdoba dos días antes aquí comentado ya se había tosido de lo lindo, pero lo de ese 18 de enero fue histórico. Solo una vez en mi vida había escuchado algo peor: fue en el mismo Maestranza, durante la Expo ‘92, en un recital en el que el malogrado Rafael Orozco intentó demostrarle a un público extremadamente maleducado las maravillas de la Iberia de Albéniz. ¿Soluciones? El propio Barenboim se había dirigido al público del Gran Teatro para hacer ver lo fácil que es amortiguar el ruido con un pañuelo, pero a los andaluces (¡y a los madrileños de Ibermúsica, que bien lo sabe el maestro!) nos gusta hacer el mayor ruido posible. Que se nos escuche bien en los momentos más inoportunos. Y parece más que dudoso que la mayoría de las toses estuvieran provocadas por problemas en las vías respiratorias: muchas eran de esas que aparecen cuando uno no está concentrado y se aburre ante lo que escucha, lo que dice mucho acerca de la naturaleza del público que acudió el domingo a escuchar un programa íntegramente dedicado a Mozart que alcanzó una absoluta excelencia interpretativa. Como intenté explicar en la comparativa discográfica del Concierto para piano nº 27, justo el que se interpretaba en la segunda parte, el Mozart de Barenboim ha cambiado mucho a lo largo de estos últimos cuarenta y siete años. Pero no lo ha hecho en el aspecto externo (tamaño de la plantilla, tempi, articulación), donde sigue apostando por la “tradición renovada” que en aquellos tiempos supuso un importante paso adelante y hoy viene siendo considerada por algunos como algo pasado de moda frente a la presunta “verdad historicista”. Ha cambiado en el plano expresivo. En la segunda mitad de los sesenta, Barenboim se empeñó en demostrar que los concierto para piano de Mozart no eran la música ante todo elegante, deliciosa y acariciadora que algunos de los intérpretes más prestigiosos se empeñaban en ofrecer; que en los pentagramas había también una buena dosis de claroscuros, de densidad dramática y de profundidad reflexiva que había que destacar. Lo consiguió con creces, pero a costa de que los resultados fueran para algunos paladares en exceso graves y severos, enlazando en este sentido –no así en el plano de las masas sonoras, de la articulación y de la velocidad– con lo que en las sinfonías andaban haciendo gente como Otto Klemperer o Karl Böhm. Una actitud, en cualquier caso, muy de Barenboim, quien siempre ha tenido claro que la música no es un mero entretenimiento, una manera de pasar el rato con más o menos hermosas combinaciones de sonido, sino que ofrece mucho más que eso a medida que se incrementa el esfuerzo intelectual por parte del oyente. Desde entonces Barenboim ha evolucionado mucho como artista. Ha moderado la radicalidad de sus propuestas y, sin perder su personalidad, ni su creatividad, ni su portentosa musicalidad, ha sabido ofrecer aproximaciones más plurales en éste y otros repertorios. En lo referente a Mozart, eso ya se empezó a ver en su segunda integral de los conciertos para piano, la que hizo con la Filarmónica de Berlín: la luz, la sensualidad, la galantería y un fresco sentido del humor son también, aunque no en exclusiva, parte de la personalidad mozartiana, aunque a la postre las aproximaciones del maestro sigan siempre una línea más lírica y honda que efervescente o coqueta. A tenor de esto último, se comprenderá que algunas sensibilidades encontrasen reparos a la lectura ofrecida el domingo del Concierto para oboe; a mí me pareció maravillosa, llena de nobleza, equilibrio bien entendido y, sobre todo, vuelo lírico de profundo aliento humanístico. En plena sintonía con el concepto, la jiennense Cristina Gómez Godoy (Linares, 1990) dejó bien claro por qué Barenboim la ha contratado para la Staatskapelle de Berlín: la chica no solo toca muy bien, sino que es una intérprete de enorme sensibilidad que sabe exactamente lo que quiere y cómo conseguirlo, aunque para ello haya que correr riesgos. En el Maestranza los corrió, hasta el punto de que a la hora de ofrecer uno de sus increíbles pianísimos –siempre torpedeados por las toses–  llegó a meter la pata. No importa, eso le pasa a cualquiera. Lo que no le pasa a cualquiera es tener tan inmenso talento, el mismo que evidenció en la propina con el maestro al teclado: la primera de las tres Romanzas para oboe y piano de Schumann, en interpretación verdaderamente exquisita. Sobre el Concierto para piano nº 27 de Mozart no puedo sino repetir lo dicho en la discografía con respecto a su último testimonio audiovisual, la interpretación junto a Antonio Pappano. Quizá Barenboim estuviera un punto menos creativo que entonces al teclado, al menos en el tercer movimiento, pero su dirección es todavía mejor que la de Sir Antonio. En cualquier caso, interpretación de primerísimo orden: yo no conozco una sola que sea globalmente superior. Tampoco creo que haya un solo pianista que sea capaz de alcanzar el grado de perfección de Barenboim en esta obra; independientemente de la referida riqueza de concepto, es imposible imaginar un teclado más sensible, más lógico y natural, más rico en matices expresivos, más atrevido en contrastes sin perder el equilibrio clásico, más variado en colores y acentos, más dialogante de tú a tú con la orquesta, más comunicativo… El de Buenos Aires habrá perdido habilidad digital para determinados repertorios, pero en Mozart toca mejor que nunca. Y mejor que nadie. Nocturno nº 8 de Chopin para terminar. Quizá alguna vez se lo haya escuchado más lento y paladeado. Quizá nunca tan rico en matices, con difuminados que apuntaban –alguien se preguntaba por el nombre del compositor a la salida– a un Debussy. ¡Que increíble técnica la de este señor! Tras las estentóreas toses que pulverizaron los últimos acordes, Barenboim se echó sobre el piano con un gesto muy significativo de derrota, mientras a los integrantes de la orquesta, poniendo la mano sobre su boca, les hacía saber su hartazgo ante la situación. No hubo más bises, claro.




Ya nos queda un día menos

17 de enero

Barenboim y la WEDO en Córdoba 2015: Boulez, Ravel, Debussy

Esta semana me he escuchado tres grabaciones de Dérive 2: la filmación del propio Boulez que circula en YouTube, la grabación oficial de éste mismo al frente del Ensemble Intercontemporaine para Deutsche Grammophon y la de Daniel Barenboim y los chicos de la WEDO en los Proms de 2012, que ya comenté en este blog. Experiencia agotadora pero fructífera: se trata de una música tan dura como extraordinaria que a medida que nos acercamos una y otra vez a ella nos va revelando toda su grandeza. Pues bien, la interpretación que el citado Barenboim y la pequeña plantilla de su orquesta multicultural (Emmanuel Danan,, Jussef Eisa, Mor Biron, Michael Barenboim, Yulia Deyneka, Adi Tal, Sharon Polyak, Dominic Oelze, Noya Schleien, Aline Khouri, Michael Wendeberg) ofrecieron ayer viernes 16 de enero de 2014 en el Gran Teatro de Córdoba, ante un público desconcertado ante lo que escuchaba –se aplaudió muy poco y las caras largas abundaron en el intermedio–, me pareció aún superior a las tres referidas, y una demostración palmaria de por qué el señor Barenboim es, aparte de un inmenso pianista, el mejor director del mundo. La música de Pierre Boulez resulta ciertamente hermética, y Barenboim no comete el error de “romantizarla” –el compositor francés es buen amigo suyo, ha trabajado con él muchas veces codo con codo y conoce de primera mano sus intenciones–, pero nuestro artista sí que es capaz de “explicar” los porqués expresivos de su obra, de hacer dialogar de verdad a los instrumentistas –impresionantes todos ellos–  logrando que las texturas contrapuntísticas suenen casi como una conversación humana, y de poner acentos que desvelan el sentido orgánico de la partitura. Al mismo tiempo, mientras Boulez sienta las bases de sus interpretaciones en un férreo sentido del ritmo, cargándolas de electricidad sin que se le mueva un pelo, nuestro artista se interesa mucho más en el timbre, yo diría que también en la atmósfera y en el peso de los silencios (ojo al dato: al autor le dura 44 minutos, a Barenboim en los Proms 49 minutos, pero la de ayer creo que se acercó a los 55, no estoy muy seguro). Adoptando semejante óptica, el maestro descubrió muchas cosas nuevas y, de paso, dejó más claras las conexiones con Debussy y Ravel, no en balde autores protagonistas de la segunda parte del programa. Incluso en más de una frase asomó por ahí el espíritu de Messiaen. Lo dicho: una interpretación descomunal. Yo disfruté de lo lindo a pesar de los ruidillos de un público comprensiblemente nervioso. Lo curioso fue que en la segunda parte los cordobeses armaron más ruido aún. Yo diría que bastante más, hasta el punto de destrozar por completo el final de una lenta, concentrada y sensualísima, por momentos mágica recreación del Preludio a la siesta de un fauno. Barenboim, que domina el lenguaje de este repertorio ahora muchísimo mejor que antes (esta lectura ha sido muy superior a la que tiene grabada con la Orquesta de París), tuvo que llamar la atención al público durante los aplausos haciendo el ademán de ponerse un pañuelo en la boca antes de toser. El resto del programa, todo Maurice Ravel, fue similar al que le escuché el pasado agosto en los Proms. Ya dejé mi opinión entonces, pero ha habido diferencias. La Rapsodia española, siendo muy notable, me ha gustado menos: insisto en que el maestro ahora acierta por completo en el idioma raveliano, pero creo que la interpretación no estaba tan trabajada, incluso desde el punto de vista técnico. Eché de menos un juego más acentuado de los reguladores en el preludio y, en los otros tres movimientos, depuración sonora. La orquesta no estuvo particularmente fina, con la excepción de una cuerda sedosa y empastada a más no poder. Por lo demás, hubo misterio, rico colorido y un sentido español nada tópico. Impagable el señor mayor que estaba detrás de mí cuando aparecieron trompetas y castañuelas en Rondeña, diciendo aquello de “¡hombre, por fin!”. Pequeño desastre en la Alborada del gracioso: justo en la introducción, una de las maderas –creo que era el corno inglés, pero perdonen si me equivoco porque ahora mismo no logro reconstruir la secuencia completa– no dio su frase, justo en el momento en el que creí ver a un músico entrando a toda prisa para colocarse en su asiento. ¿No estaba allí el solista? ¿Habían empezado la obra sin él? No tengo idea de lo que pasó, pero el desconcierto en las maderas fue obvio. Pensé que Barenboim iba a detener la interpretación, pero no. En la sección central, paladeada por el maestro como nunca antes –ni siquiera en Londres– lo había hecho, hubo cosas absolutamente magistrales que solo le he escuchado a un Celibidache, pero para mi gusto el conjunto no terminó de funcionar: hubo deslavazamiento y desajustes varios. Fluida, serena, en absoluto decadente y muy bella la Pavana para una infanta difunta, dicha con una naturalidad extraordinaria; creo que salió mejor aún que la de los Proms, aunque de todas formas cosas aún más mágicas (a la recapitulación final Barenboim no le termina de sacar todo el jugo posible) se han escuchado. En el Bolero, el maestro decidió dar la entrada y sentarse a un lado, dejando a los músicos solitos. A mi entender, un error: es verdad que las gradaciones dinámicas estuvieron más logradas que en los Proms, que el de la caja se mostró absolutamente sen-sa-cio-nal y que hubo mucha vida –y yo diría que mucha emoción– en el resultado, pero ahí faltaba claramente un director que le dijera a alguna chica y a algún chico que no tocara tan alto. Y también faltaban ensayos en casa. Como hasta ahora he sido firme defensor de la WEDO y he manifestado mi admiración por su trabajo técnico –además de expresivo, claro– en compositores tan “facilitos” como Beethoven o Wagner, no tengo problema en reconocer que los integrantes de la West-Eastern Divan no estuvieron a la altura de las circunstancias en Ravel en general, y en el Bolero en particular. Hubo solistas desafortunados y secciones enteras que sonaron como los de una formación de segunda fila. Que sí, que ya sé que el Bolero casi siempre sale mal y que solo una vez en la vida –yo lo conseguí en 2007, con Muti en el podio– puede alguien escuchársela en directo a la Sinfónica de Chicago, pero lo del Gran Teatro de Córdoba, sin haber sido una interpretación mediocre, no corresponde a la enorme categoría que suelen ofrecer Barenboim y su orquesta. Quizá esta tarde en Madrid las cosas salgan mejor. Finalizando la velada cordobesa, El firulete –arreglo de José Carli– en recreación dicha con un salero y una picardía asombrosa por los vientos de la WEDO: ¡qué talento expresivo el de estos señores! Muchos aplausos y entusiasmo tras una velada de dos horas y media de la que me parece todos salimos exhaustos. Ah, una cosilla: el Facebook de la WEDO pedía al público que les mandaran fotos de los conciertos, pero Barenboim monta el número cada vez que ve cámaras (ya sabrán ustedes lo de la bronca a una señora en La Scala). A ver si se ponen de acuerdo. PS. Un amigo de Córdoba me puntualiza que la interpretación del Boulez duró exactamente 52'48''.



Ópera Perú

20 de diciembre

OSN cerró destacada temporada 2014

Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)No creo equivocarme al decir que este 2014 la OSN ha presentado una de sus temporadas mas destacadas e importantes en décadas. Esto considerando el nivel de interpretación mucho mas parejo y con excelentes resultados que se han logrado, el cuidado en la programación que ha presentado obras exigentes y la alta calidad de los solistas que se presentaron,  de gran nivel internacional.El pasado 10 de diciembre la OSN celebró sus 76 años de existencia. Dirigida por su titular Fernando Valcárcel, presentaron un programa variado y exigente como ya es costumbre. Sin embargo tuvo un toque de clase con importantes compositores del siglo XX. Como invitada llegó la pianista rusa Lilya Zilberstein, solista de primer nivel que debutó con la Filarmónica de Berlín, dirigida por Claudio Abbado y es frecuente con las mejores orquestas del mundo, además de haber interpretado junto a grandes estrellas como Martha Argerich o Maxim Vengerov.La OSN omenzó el programa con una segura obertura de "Candide" de Bernstein, obra compleja que requiere mucha vitalidad y dinámica. SI bien la orquesta no se caracteriza por tener pasajes demasiado virtuosos ni rápidos, interpretaron una versión segura y compacta de esta obra, con una batuta firme de Valcárcel, aunque hubiera gustado mas audacia.Zilberstein interpretó el famoso y muy ejecutado en nuestro medio segundo concierto para piano de Sergei Rachmaninov. Su interpretación fue sublime, lírica, muy romántica y con tiempos lentos que la orquesta supo acompañar. Supo deshilachar las notas de una manera etérea con un resultado especial. El cierre fue portentoso.La orquesta continuó con dos grandes obras del siglo XX: El famoso Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy y La Valse de Maurice Ravel. Con Debussy la orquesta mostró el camino por el que ha ido durante este tiempo, con un sonido brahmsiano y de equilibrio atmosférico. En cambio, la obra de Ravel nos dió un sonido potente con elegante gracia desde cuerdas a metales, y dos arpas encantadoras.Director titular Fernando Valcárcel, elegido Músico del Año 2013 por Ópera PerúEste año hemos visto eventos importantes, con intérpretes de la talla de Javier Perianes, Garrick Ohlsson, Carlos Prieto, Lilya Zilberstein y Jesús Castro Balbi, por mencionar algunos. Y directores de la talla de Krzsysztof Penderecki, Rossen Milanov, Ramón Tebar y Fabio Mechetti, quienes dieron los conciertos mas exitosos en calidad interpretativa.Se dieron importantes eventos, entre los que vale destacar especialmente el estreno del Concierto para violín y orquesta del peruano Sadiel Cuentas, de una bella melodía y orquestación, con la interpretación a cargo de Carlos Johnsson y dirección de Pablo Sabat; Javier Perianes con un bello concierto para piano de Grieg; el estreno en Perú del concierto para cello "Señor de los Aires" del peruano Jimmy López, así como la interpretación de "Atmósferas" de Ligeti y la "Sinfonía Alpina" de Richard Strauss, a cargo del búlgaro Rossen Milanov. Fabio Mechetti dirigió la imponente Sinfonía no. 3 de Mahler, con Josefina Brivio, Coro Nacional y Coro Nacional de Niños. Destacó también el "Réquiem Alemán" de Brahms, durante semana santa, dirigido por Valcárcel, quién también brindó una espectacular versión del Preludio y Muerte de Amor de "Tristan und Isolde" de Wagner. Valcárcel también dirigió el estreno en Perú de la Novena Sinfonía de Mahler, compositor muy presente en los últimos años y del que vamos a escuchar mas en 2015.Importante fue también el homenaje al compositor peruano Celso Garrido-Lecca durante el año, programando varias de sus obras, con intérpretes ejemplares como el guitarrista Luis Orlandini.El evento del año fue sin duda la llegada al Perú de Krzysztof Penderecki, el compositor vivo mas importante de nuestro tiempo y del siglo XX, uno de los protagonistas del Avant Garde de los 50s. Dirigió su famoso Treno para las víctimas de Hiroshima, así como el Coro "Agnus Dei" acapela y el Adagio de su Tercera Sinfonía. Ese concierto despertó el interés de muchos jóvenes, que luchaban por entradas ese mismo día, ya que se habían agotado. Un excelente indicador de lo vigente y atractiva que es la música contemporánea y lo importante que es programarla a un alto nivel artístico. Fue un evento de gran valor histórico.Valcárcel y la OSN con Jean Pierre Magnet (Facebook OSN)La OSN tuvo también intercambios con la música popular peruana, acompañando a Tania Libertad, Lucho Quequezana y Jean Pierre Magnet, saxofonista con el que la orquesta viajó a Bogotá por primera vez en décadas para una presentación especial. Este tipo de acercamiento es positivo pues aproxima la orquesta a otros públicos, y permite captar nuevos seguidores.OSN en ColombiaComo dije, 2014 ha sido un excelente año para la OSN. Se han programado obras exigentes y se ha creado un ritmo de trabajo interesante, con carteleras atractivas para todos. Ha logrado cautivar a un público que va en gran medida a sus conciertos de los viernes y que disfruta y comenta sus presentaciones.Sin embargo, a la orquesta le falta todavía un trecho largo hacia la excelencia. Para ser competitiva a nivel regional e internacional hace falta, en mi opinión, mejorar su unidad y virtuosidad. Deben ser capaces de interpretar obras mas brillantes con seguridad y fuerza, y no con timidez. Resultados tibios a fríos como la ópera "L´elisir d´amore" y el ballet "La bella durmiente" deben dar cuenta de que aún se debe trabajar mucho en ese aspecto.Ya Valcárcel ha adelantado que el próximo año tendremos varios estrenos locales y la llegada de grandes solistas. Esperemos que la próxima temporada mantenga y mejore los resultados actuales. Ópera Perú eligió a Valcárcel como Músico del Año 2013 por sus excelentes resultados al frente de la OSN.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



[+] Mas noticias (Claude Debussy)
28 ene
Jean Sibelius
20 ene
Ya nos queda un d...
19 ene
Yahoo! Noticias E...
17 ene
Ya nos queda un d...
16 ene
Scherzo, revista ...
12 ene
Scherzo, revista ...
20 dic
Ópera Perú
5 dic
Ópera Perú
25 nov
Scherzo, revista ...
18 nov
Ya nos queda un d...
12 nov
Ópera Perú
31 oct
Scherzo, revista ...
23 oct
Scherzo, revista ...
16 oct
Ópera Perú
3 oct
Ópera Perú
25 sep
Jean Sibelius
22 sep
Ópera Perú
14 sep
Cuestión de Sensi...
12 sep
Jean Sibelius
31 ago
Pablo, la música ...

Claude Debussy




Debussy en la web...



Claude Debussy »

Grandes compositores de música clásica

Piano Clair De Lune Syrinx Impresionismo La Mer Preludio A La Siesta De Un Fauno

Desde enero del 2009 Classissima ha facilitado el acceso a la música clásica y ha expandido su público.
Classissima ayuda tanto a aficionados como a expertos de la música clásica en su experiencia con la internet.


Grandes directores de orquesta, Grandes intérpretes, Grandes cantantes de ópera
 
Grandes compositores de música clásica
Bach
Beethoven
Brahms
Chaikovski
Debussy
Dvorak
Handel
Mendelsohn
Mozart
Ravel
Schubert
Verdi
Vivaldi
Wagner
[...]


Explorar 10 siglos de la música clásica...