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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

viernes 27 de marzo de 2015


Ópera Perú

Ayer

Pianista Fuzjko Hemming llega a Lima

Ópera Perú(Cristina Maxwell)Ganadora de cuatro discos de oro por “Mejor álbum de música clásica” brindará un concierto el martes 31 de marzo en el Gran Teatro Nacional.(Difusión MinCul) La pianista alemana Fuzjko Hemming, reconocida mundialmente por su impresionante trayectoria musical impulsada en Japón, ofrecerá un concierto exclusivo en nuestro país, el martes 31 de marzo, a las 20:00 horas, en el Gran Teatro Nacional de San Borja.El Ministerio de Cultura y la Embajada de Japón confirmaron que la singular artista, hija de padre sueco y madre japonesa, presentará ante el público peruano una selección de piezas universales, que incluye “Claro de luna”, de Claude Debussy; “Impromptus”, de Franz Schubert, la sonata para piano “A-dur alla Turca”, de Wolfgang Amadeus Mozart; “Preludio”, de Sergei Rachmaninov; e inolvidables obras de Frédéric Chopin.Graduada en la Universidad de Bellas Artes de Tokio, Fuzjko Hemming regresó a Europa para perfeccionar su talento en Alemania y convertirse en la mejor estudiante de la Escuela Superior de Berlín. A lo largo de su carrera recibió lecciones de grandes maestros como Paul Badura-Skoda, Bruno Maderna, Leonard Berstein, Shura Cherkausky y Nikita Magaloff.Sin embargo, a pesar de su enorme potencial, Fuzjko perdió su sentido de la audición durante un concierto en Viena en 1971. Abandonó mucho tiempo los escenarios, pero retornó apenas recuperó la capacidad auditiva de su oído izquierdo. Su producción discográfica “La Campanella” vendió más de dos millones de copias y obtuvo un Disco de Oro como “Mejor Álbum Clásico del Año”. Este importante premio lo recibió en tres ediciones más logrando una hazaña nunca antes vista en el mercado.Fuzjko Hemming ha lucido su talento con la Orquesta Filarmónica de Moscú y junto al violonchelista Mischa Maisky. El año pasado ejecutó conciertos en nueve países del viejo continente y actualmente colabora con las orquestas sinfónicas de Ucrania, Moskovskaya y de la NHK. También produce funciones a beneficio de causas sociales y promueve actividades caritativas relacionadas al arte y a la protección de animales.Descargue aquí el programa.

Ya nos queda un día menos

23 de marzo

Jaroussky en el Maestranza: entre toses y fans

Nunca había escuchado en directo a Philippe Jaroussky, y por ende no había comprobado por mí mismo el delirio que rodea a este señor. Con el recinto abarrotado pese a ofrecer un programa nada popular de mélodies en torno a la poesía de Paul Verlaine (1844-1896), el contratenor francés fue recibido por una intensa ovación por el público del Maestranza, consiguió intensas ovaciones tras el largo recital –se contaron hasta tres propinas– y, sobre todo, hizo que se formara la cola más larga que jamás he visto en el vestíbulo del teatro sevillano para conseguir un autógrafo en alguno de sus discos. No solo eso: un buen puñado de melómanos que no tenían carátulas, o que no querían guardar la cola, se apiñaron cerca de la mesa de firmas, cámara de fotos en ristre, para capturar una imagen del artista. Los comentarios que se escuchaban no dejaban lugar a dudas de que aquello sobrepasaba los límites de la admiración artística: independientemente de su talento, parece claro que parte del entusiasmo que despierta Jaroussky tiene la misma explicación que el que levanta, pongamos por caso, Ana Netrebko o Elina Garança, esto es, su manifiesta belleza física, una circunstancia a la que el mercado del disco no puede quedar al margen. Como además Jaroussky se muestra muy simpático en sus alocuciones al respetable y posee un incuestionable encanto –pese a su notoria rigidez durante la actuación–, el triunfo está servido. ¿Hay para tanto? Un buen melómano me comentaba en el entreacto que lo encontraba un poco insípido, falto de la suficiente variedad expresiva. Compartí hasta cierto punto su opinión, pero cuando he tenido la oportunidad de escuchar el doble compacto en mi casa –sí, yo también me lo compré e hice la cola con no menor entusiasmo que el resto de los que allí estaban– y de seguir los textos, algo absolutamente imprescindible cuando de este género se trata, debo matizar. El problema no es tanto que a Jaroussky le falte un punto de voluptuosidad, de tensiones dramáticas y, en general, de claroscuros, sino que los poemas giraban siempre en torno al mismo ambiente expresivo. Efectivamente, pese a escucharse a autores tan variados como Gabriel Fauré, Reynaldo Hahn, Poldowski, Charles Bordes, Claude Debussy, Déodat de Séverac, Ernest Chausson, Emmanuel Chabrier, Léo Ferré, Józef Szulc, André Caplet, Camille Saint-Säens, Arthur Honegger, Charles Trenet y Georges Brassens –faltaron Massenet, Schmidtt, Koechlin y Varèse, que sí estaban en la grabación–, las poesías seleccionadas incidían una y otra vez en una lánguida melancolía diríamos que “protosimbolista” que no daba mucho margen de maniobra; incluso varios poemas se repitieron en más de una e incluso dos ocasiones –en el disco hasta cuatro–, lo que termina generando, por muy diferentes que sean las músicas, una inevitable sensación de monotonía. Es difícil resistirse, en cualquier caso, a la increíble belleza vocal de Jaroussky. Importan poco algún sobreagudo pillado por los pelos, algún filado quebradizo o alguna nota grave poco audible –también en la grabación–, porque el timbre es verdaderamente embriagador, su legato es de libro y la morbidez de su fraseo se convierte una verdadera caricia para el oído. Todo ello, por descontado, con una dicción exquisita y matizando con fina sensibilidad en plena sintonía con el tono decadente que exigen los textos. ¿Que yo hubiera preferido un acercamiento más temperamental y contrastado? Pues sí, pero no voy a ocultar que a mí la ortodoxia interpretativa francesa desde siempre me ha resultado insuficiente, trátese de voces, orquesta o piano; tanta exquisita indolencia, tanto difuminado preciosista, no terminan de emocionarme. Insisto en que el problema es mío: Jaroussky fue la ortodoxia pura dicha con depuradísima técnica e irreprochable musicalidad. Sustituyendo con buen criterio algunas de las canciones del disco, se incluyeron una pieza para piano de Chabrier y varias de Claude Debussy, entre ellas dos de la Suite Bergamasque traídas muy al pelo, toda vez que el compositor se inspiró precisamente en las Fêtes galantes con que Verlaine homenajeó a la melancolía agridulce de Watteau; versión pianística, pues, de algunas de las poesías escuchadas en boca del contratenor. Jérôme Ducros acompañó de manera magnífica a Jaroussky, aportando precisamente la intensidad emocional que le faltaba a éste y evitando caer en excesivos difuminados, pero en las piezas pianísticas no logró convencerme. De nuevo aquí el problema está en mis oídos, tan acostumbrados a la genial grabación que realizara Claudio Arrau al final de su vida, que las del pianista francés me parecieron bastante prosaicas (Preludio) o notables pero algo fuera de estilo (Claro de luna y L’Isle joyeuse: imposible aquí olvidarse de Perianes). Mención aparte para el público del Maestranza. Mejor dicho, una pequeña parte, la que boicoteó de manera inmisericorde la primera mitad del recital con toses estentóreas y muy sonoras caídas de objetos. Cuando Jaroussku abandonaba el escenario para dejar al pianista con sus piezas en solitario, la cosa iba aún a peor. A tal extremo llegó el asunto que tras terminar el intermedio la megafonía rogó moderar los ruidos en un programa tan delicado, ruego que fue rubricado por el respetable con un muy significativo aplauso que dejó bien claro hasta qué punto los melómanos estamos hartos de aquellos que no saben guardar las normas básicas de educación. Desdichadamente, hubo señores y señoras que siguieron regalándonos toses sin que por su parte existiera la menor intención de amortiguar el sonido: cuando más suene, mejor. Pese a todos los reparos expuestos, una noche para recordar.




Ópera Perú

23 de marzo

Achúcarro impone tradición en el Gran Teatro Nacional

Fotos: GTN  Orquesta Sinfónica Nacional - Temporada de veranoGran Teatro Nacional. Viernes 20 de marzo de 2015Director titular: Fernándo Valcárcel (Perú). Solista: Joaquín Achúcarro, piano (España) Programa: Varèse: Tuning up (estreno en Perú); Falla: Noches en los jardines de España; Ravel: Concierto para la mano izquierda; Ravel: Suite no. 2 “Dafnis y Cloé”. Por Gonzalo Tello (Ópera Perú) Se dice que todo tiempo pasado fue mejor. Esta frase es muy discutible en el amplio espectro, pero no lo fue este viernes cuando el legendario pianista español Joaquín Achúcarro debutó en el Gran Teatro Nacional, como célebre invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional para el cierre de su temporada de verano. Achúcarro ha cautivado a audiencias por casi seis décadas, desde que se alzó como triunfador de la célebre Competencia Internacional de Liverpool en 1959. Desde entonces, ha cosechado grandes triunfos por su interpretación sincera de las grandes obras del repertorio universal. Su característica es simple: Busca hacer hablar al piano, con una naturalidad e intimidad que deja perpleja a su audiencia. Esta técnica demuestra la grandeza de una tradición que hoy los pianistas jóvenes no necesariamente siguen. El concierto se inicia de manera especial, ya que como Concertino invitado tenemos a Carlos Johnson, violinista peruano que ha hecho una importante carrera internacional y se encuentra en Lima cumpliendo diversas presentaciones. Fernando Valcárcel, director titular de la OSN, tomó la palabra para describir esta velada dedicada a dos maestros franceses y uno español que estuvo fuertemente influenciado por la escuela gala. Como pieza de inicio escuchamos el estreno nacional de “Tuning up” de Edgard Varèse, compositor innovador y visionario de la música del siglo XX, como Valcárcel lo describe. Varèse la escribió como un encargo que parodiaba el proceso de afinación de la orquesta. Esta obra, cuando es interpretada siempre como obertura, generalmente extiende la parodia al director reclamándole al Concertino haber olvidado afinar. La obra expone temas de los grupos orquestales sobrepuestos sobre otros y le brinda una experiencia sonora novedosa al oyente. La interpretación de esta compleja obra estuvo muy bien cuidada y dio excelentes resultados, especialmente en cornos y metales, que es donde generalmente se tienen mas problemas. La percusión cumple un rol central y destaca satisfactoriamente. Luego llega el turno de presentar al importante solista, el cual nos presenta dos conciertos para piano. Achúcarro deja hablar a su instrumento por sí solo, no teme a los ritardandos o a que las notas sean mas largas, ya que su piano recita su propio discurso. Inicia con "Noches en los jardines de España" de Manuel de Falla, una pieza íntima, refinada y muy romántica en su estilo y evocación. Si bien Falla tuvo una profunda influencia de sus colegas franceses Ravel o Debussy, y viceversa, el tono de esta obra nos recuerda por momentos al sonido del más inspirado Rachmaninov. Su interpretación es discreta y comprenetrada con la orquesta, que logra brillar con las cuerdas y obtener finas texturas de unos moderados metales.  En la segunda parte, Achúcarro interpreta el Concierto para la mano izquierda de Maurice Ravel, obra concebida por encargo para el pianista Paul Wittgenstein, quien había perdido el brazo derecho durante la Primera Guerra Mundial. Una orquesta portentosa y muy equilibrada acompaña al pianista en una interpretación que va in crescendo en el nivel de virtuosidad. La reacción del público fue muy calurosa y la emoción del solista mas que obvia, por lo que regaló el Nocturno para la mano izquierda, Op. 9, no. 2 de Alexander Scriabin, una delicia musical que coronó su participación.Finalmente la OSN, la cual fue reforzada por músicos invitados, interpretó la suite no. 2 del ballet “Dafnis y Cloé”, también de Ravel. Esta es una obra exigente para gran orquesta que nuevamente Valcárcel supo controlar, redistribuyendo el orden de jerarquía en los metales y equilibrando los volúmenes, dando un resultado muy sobrio y elegante.El programa de este concierto fue sofisticado, logró conectar a un público que supo agradecer con mucho entusiasmo de pie, así como escuchar con silencios sepulcrales las partes mas íntimas y delicadas de cada pieza. Parte importante del desarrollo de esta orquesta es su intercambio con artistas de gran renombre como Achúcarro. En este sentido, es importante destacar el apoyo que le ofrece el Ministerio de cultura al gestionar la llegada de estas personalidades, que no solo son legendarios y con mucha trayectoria, sino que además están dentro del circuito musical internacional. Al venir, Lima se vuelve parte de este circuito y las noticias de que nuestra ciudad tiene un teatro de importantes características permite que otros artistas acepten venir.

Ópera Perú

19 de marzo

Entrevista: Joaquín Achúcarro, un piano en si mismo

Greg Shaler Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)Un 1 de noviembre de 1932 nace en Bilbao Joaquín Achúcarro, quien se convertiría en un niño prodigio intérprete del piano. Debuta a los 13 años frente a la orquesta de su ciudad y logra tempranos éxitos. Fue cuando participa en 1959 en la famosa competencia internacional de Liverpool que gana el primer premio y con este triunfo inicia su exitosa carrera internacional. Este premio fue ganado el año anterior por el director de orquesta indio Zubin Mehta, quien al escuchar a este joven pianista dice: "Solo he escuchado este sonido en Rubinstein".Por más de medio siglo Achúcarro conquista el mundo e interpreta en las mejores salas y con los mejores artistas del mundo. Son más de 210 orquestas y 360 directores de orquesta con los que ha trabajado, con eminencias como Claudio Abbado, Sir Adrian Boult, Riccardo Chailly, Sir Colin Davis, Zubin Mehta, Sir Yehudi Menuhin, Seiji Ozawa y Sir Simon Rattle. Como si fuera poco, como solista ha dado miles de presentaciones en lugares míticos como el Avery Fisher Hall y Carnegie Hall de Nueva York, Philharmonie de Berlín, Concertgebouw de Ámsterdam, Kennedy Center de Washington, Musikverein de Viena, Royal Albert Hall de Londres, Salle Gaveau y Salle Pleyel de París, Teatro alla Scala de Milán, Suntory Hall de Tokyo, Sydney Opera House, Teatro Colón de Buenos Aires y The Barbican de Londres. Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.Ostenta importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Música de 1992 y la Medalla de Oro de las Artes, entregada por el Rey Juan Carlos I. Es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Comendador de la Orden de Isabel La Católica.Habiendo visitado el Perú varias veces, solo vino una vez en 2009 para presentarse como solista junto a la Orquesta de la Ciudad de los Reyes, dirigida por Pablo Sabat, interpretando el Concierto no. 2 de Brahms. Cuando recibió la invitación de Fernando Valcárcel para volver, no a acompañar sólo a la Orquesta Sinfónica Nacional, sino también a la Sinfónica Nacional Juvenil, no lo dudó y pidió hacer lo que más se pueda. Y es que Achúcarro tiene una relación muy estrecha con los jóvenes, como profesor por más de 20 años en la Universidad Metodista de Texas.Joaquín Achúcarro llega esta vez para interpretar tres conciertos: "Noche en los jardines de España" de Falla y el Concierto para la mano izquierda de Ravel con la OSN este viernes, y el Concierto para piano de Grieg con la OSNJ el domingo.Barrett Vantage ArtistsPero, ¿qué tan complicado es para un artista combinar tres obras con dos orquestas en ensayos alternados? "Fíjese, que alguna vez me ha tocado interpretar cuatro programas diferentes en días consecutivos", me cuenta al final de su primer ensayo con la OSN en el Gran Teatro Nacional. Achúcarro, a pesar de sus años, es una persona muy despierta y simpática que siempre busca el momento para dar una pizca de ironía pero con mucha sinceridad y carisma en cada comentario. Además es una enciclopedia del saber que ha conocido a los grandes artistas del último medio siglo, y de todos puede contar anécdotas que llevan a un consejo.Maestro, tengo una hipótesis: Hoy por hoy, la música se interpreta mejor que nunca, por la técnica, rigurosidad y respeto que se tiene por las obras del pasado. Los compositores clásicos estarían encantados de escuchar sus obras hoy. ¿Qué tan cierto es esto?Si, incluso en esas épocas los músicos tocaban de memoria, no seguían partituras. También con las grabaciones se ha mejorado. Hoy los músicos son muscularmente mejores que la media de los de mi generación.Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre los pianistas de antaño y los de ahora?Hay una generación que está estudiando para ganar concursos y sólo para eso. Eso no les deja tiempo a visitar museos, a pararse delante de un maravilloso cuadro de Velásquez o Rubens, de tener pasión por algo que no sea tocar lo más rápido posible. El dejar de estudiar un rato y leer unas poesías de García Lorca, algo de Calderón de la Barca, Juan Ramón Jiménez, o salir simplemente un momento de la música y visitar otras artes. Puede decirse ¿y eso qué tiene que ver con que yo de esta nota o la otra? O sea, ¿son mejores técnicos pero no necesariamente mejores humanos?Con la invención del internet, no sabemos hacia donde irá la humanidad. Casi todas las veces que hay un cambio tecnológico, ha habido un cambio social importantísimo. Así como la invención del ferrocarril motivó la colonización de California y el avión a reacción motiva todo lo que somos ahora, el internet pues todavía no sabemos qué producirá. Es algo que da miedo, pues dentro de 20 años será totalmente diferente.Usted me dice que esta generación es mejor que la media de su generación, pero usted es parte de un selecto grupo de virtuosos.Es que yo he pasado mucho tiempo tratando de hacer hablar, cantar y reflexionar al piano. El número de sonidos que pueden salir de un piano es mayor que el número de partidas de ajedrez que se pueden jugar, que es 10 elevado a la 27 me parece. Lo que puede hacer, desde un sonido imperceptible hasta el más alto fortísimo, el manejo del pedal y la creación de esa especie de poesía de la cual no podemos definir absolutamente nada. Procuro también estar al nivel muscular de lo que pasa hoy.¿Hay algo, técnicamente hablando, de su generación o de sus predecesores, que esta generación no tenga en cuenta y deba hacerlo?La actual generación debería estar pensando en los infinitos sonidos que puede producir un piano y en lo que pasa, no sólo preocuparse de tocar una nota más rápida o más fuerte. Hay un punto de partida musical que si está respetado, pero hay un punto culminante de poesía, intimidad y recogimiento que falta. Por ejemplo, hace poco escuché una grabación de nocturnos de Chopin, casi todos como seguidos, no sé qué decir.Esto me hace pensar en otra pregunta, de que las grabaciones referenciales son válidas así como las grabaciones en vivo. A veces el artista se queja de que el público va con la idea de una excelente grabación en la cabeza y tiende a comparar con lo que oye en el teatro. ¿Qué tan difícil es esto para ustedes?Yo he aprendido enormemente de los discos de Rachmaninov, Rubinstein, Horovitz, Schnabel, Lipatti, Benedetti Michelangeli, todos estos gigantes de generaciones pasadas que grabaron. Ahora, la grabación requiere un estudio, días de trabajo, cambios, edición, como en las películas. Ahora creo que las grabaciones en vivo están al alcance de cualquiera pues no hay un solo concierto en que no se pueda grabar con un teléfono. Uno tiene que olvidarse que hay micrófonos y dirigirse al público que ha venido con los brazos abiertos, para transmitirles lo que creo que el compositor quería transmitirles. Mire si nos estamos poniendo difíciles.Suena muy lógico.Pues, primero tengo yo que interpretar lo que quiso decir el compositor, y él no me dejó más que un testamento criptográfico, que son unas notas en un pentagrama con una que dice "fuerte", otra que dice "piano", "crescendo" o "ritardando". Con eso yo tengo que formar una idea del drama del compositor, a través de un instrumento. Mire usted la cantidad de factores que hay que tomar en cuenta. Además, hay que ver el estado del instrumento, si el auditorio tiene un sonido seco o no, son muchos factores.Dicho esto, ¿para usted cuál es el punto de partida para una interpretación: Seguir la partitura en sí, o regirse de la grabación referencial? He tenido un debate reciente entre qué es lo más importante...Mi opinión es clarísima. Usted ha dicho "seguir la partitura". Yo le pregunto, ¿qué es seguir la partitura? ¿Tocar fuerte aquí o piano allí? En teatro, usted agarra un libro de Shakespeare, lo lee y lo recita de una manera y otro lo hace de otra manera, y los dos siguen la partitura. Recuerdo una vez cuando vi "El Rey Lear", se menciona nueve veces la palabra "yes". Oí a Lawrence Olivier decir de nueve maneras distintas cada uno de esos "yes". Creo que ya he contestado su pregunta, aunque todavía no del todo. Otro ejemplo: Usted tiene un árbol y le pide a 25 pintores diferentes que lo pinten. ¿Cree que todos son iguales? no hay ni uno. Creo que contesté a su pregunta.En parte. Aún no me queda claro si está bien o no el que, usted como músico, se base en la partitura e interprete con ella, pero yo como melómano pueda preferir una grabación referencial a su interpretación.Es que usted está acostumbrado a su grabación y cree que es la Biblia. Ahí yo distingo dos cosas: Cuando oigo a alguien que me sorprende y puedo aceptarlo porque me parece que tiene una lógica musical; y cuando hay otra cosa que me parece blasfema respecto a la música, eso ya no tiene discusión. Le cuento otra historia: Vaughan Williams, el compositor inglés, había ido a almorzar con un crítico, y este le decía que él no necesitaba escuchar una obra, pues solo leía la partitura y la escuchaba por dentro. Entonces llega el maître y pregunta ¿qué van a comer?, a lo que Vaughan Williams responde: "El señor nada porque le basta con leer el menú". (Risas). Creo que sigo contestando a su pregunta.Hablemos del programa que trae para estos dos conciertos. ¿Es cierto que un español es mejor intérprete de la obra de Manuel de Falla u otros compositores españoles que otros músicos?¡Si soy yo el mejor intérprete de la obra de Falla! (risas). Bueno, Rubinstein tocaba la música española que daba gloria oírlo. Ahí lo que sucede también es el ritmo interno, si un es flemático, sanguíneo...En ese sentido, ¿cómo se complementan estas dos obras de Falla y Ravel que incluye en el primer programa? ¿Hay alguna conexión entre ellas?Pues ellos eran muy amigos. Creo que Falla influyó en Ravel y Debussy, y Debussy, Ravel y Dukas influyeron en Falla de una manera espectacular y total. Cuando Falla llegó a París, su carta de presentación era la ópera "La Vida Breve". Albéniz le había dado unas cartas de presentación para Dukas, Debussy y Ravel, ya con eso lo reconocieron como uno de ellos. Se dice de "Noche en los jardines de España" que el cuerpo es español y el vestido es francés. Falla aprendió mucho de la orquestación de Ravel o intercambiaron ideas, no lo sabemos, pero es una cosa totalmente fructífera. Fue (Zubin) Mehta el que me dijo sobre "Noches...", la hicimos juntos y el por primera vez. Ve los solos para orquesta y me dice: "¡Pero si esto es Wagner!" y efectivamente la orquestación de Falla es fantástica y da mucho que pensar, es una obra de una profundidad enorme. El mezclar el flamenco con lo luminoso de la noche, con las sensaciones casi olfativas del perfume de esta obra, gracias a las orquestaciones, que a lo mejor se las tomó prestadas a Ravel, o Ravel a Falla, no lo sabemos...Entonces, ¿todavía hay una deuda con Falla en el sentido de redescubrir su obra?Yo no tengo ninguna deuda. A mí me parece uno de los grandísimos, grandísimos, grandísimos, a pesar de lo poco de su obra. Le tardó siete años escribir "Noches...", y no sé qué crítico hablaba de las siete versiones que hizo sólo de la primera canción de las "Siete canciones españolas", siete veces distintas. Sus obras las escribía y reescribía, cambiaba las notas, el tempo, hasta llegar al resultado final. Chopin mismo también, lo que tuvo que sufrir...Yo cada vez pienso más en el compositor, en lo que ha sufrido para escribir, salvo Mozart y Bach, que esos no han sufrido nada.Y usted al volver a interpretar estas obras, ¿sigue descubriendo nuevas sensaciones, sonidos, reinterpretaciones o expresiones?Tanto como reinterpretaciones no, pero detalles en los que no había pensado, nuevos sonidos y nuevas posibilidades, creo que no ha habido una vez en que haya tocado y no haya descubierto algo que me parece puede servir para la siguiente vez.Hablando del Concierto de Grieg que interpretará con la OSNJ en el segundo programa, y que de alguna manera es más romántico y tiene, digamos, otra esencia o produce otro resultado. ¿Cuál es su opinión? ¿Por qué lo interpretará?Primero, es un concierto brillantísimo. Usted me ha preguntado ¿Por qué? y yo le hubiera contestado ¿Y por qué no? Lleva más de cien años tocándose y haciendo las delicias de todo, porque tiene el lado romántico, virtuosísimo, brillante, poético, y tiene un qué se yo que los que no somos noruegos nos parece que tiene algo de nórdico que nos transmite. Yo tengo algo de noruego también, pues mi bisabuelo, que era noruego, era pariente de Grieg. Mi abuela era prima de Grieg, que se quedó en Bilbao y murió allí, pero mantuvo una relación enorme con Bergen, de donde él era también. Todavía tenemos unos parientes con los que nos escribimos de vez en cuando.¿Así que es una cuestión de genes o de motivación?¡Y quién soy yo para contestar a esa pregunta! Del tema de genes no cabe duda, pues de otra manera no hay como explicar el genio de Mozart, Bach, Beethoven, Schubert, Brahms o Ravel. Pero hoy recién estamos aprendiendo cómo funciona el cerebro, sus células y sus explicaciones científicas. Estamos una vez más frente a los desconocido, en que cuando se contesta una pregunta, surgen otras diez. Yo no sé si es genético o es por talento. Hasta donde sepa nadie me ha sabido explicar qué es el talento, y si es innato, pues ¿Qué es lo innato?¿Hay algún compositor o pieza que no haya interpretado hasta ahora y le gustaría hacerlo?Hay millones de piezas. Tengo un repertorio bastante razonable pero hay muchas que me gustaría aprender y no creo que lo haga. Fíjese, Alicia Larrocha me preguntó, cuando tenía yo unos 40 años: - ¿Piensas hacer toda la Suite "Iberia"? - Pues chica, no lo sé todavía, toma un par de números... - Pues ya puedes darte prisa porque pasan los años y no vas a tener tiempo de estudiarla (risas). Entonces no toco toda la Suite Iberia, ni toco todas las Sonatas de Beethoven. Yo lo que si quisiera es ir a fondo en las cosas que estudio, pero no intelectualmente como el crítico inglés que leía el menú, sino física y sensorialmente. Vamos a parafrasear a Einstein en el Espacio-Tiempo que precisamente son los cien años de su teoría: Vamos a llamarle el Tiempo-Sonido en música, cómo se combinan unas cosas con otras. Hay sonidos que requieren un tiempo más denso, más grande. Piense usted en Scarlatti, en Mahler o en Gershwin, son totalmente distintos.¿Usted tiene esperanzas en el futuro musical?(Silencio) ¿Y qué más da si yo tengo esperanzas o que no las tenga?(Risas) Quiero su opinión...Creo que dentro de 50 años se hará música de manera distinta, y no sé cómo será.Gracias.Mientras Achúcarro coordina temas de su agenda de los próximos días, le pido una foto. "Ah, ¡un selfie!" Saca un peine del bolsillo, se arregla, y procedemos a tomarlo. Ambos con amplia sonrisa.Achúcarro ensayando con la OSNJ (Ministerio de Cultura) Orquesta Sinfónica NacionalCuarto Concierto: Viernes 20 de marzo, 8:00 p.m.Gran Teatro NacionalDirector: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Joaquín Achúcarro, piano (España) Edgar Varese / Tuning up (estreno en Perú)Manuel de Falla / Noche en los jardines de EspañaMaurice Ravel / Concierto para la mano izquierdaMaurice Ravel / Suite N° 2 de “Dafnis y Cloe”Orquesta Sinfónica Nacional JuvenilPrimer Concierto 2015 - 22 de marzo, 5:30 p.m.Solistas: César Conde (corno), Joaquín Achúcarro (píano).PROGRAMAJean Sibelius / Finlandia, Op. 26 Richard Strauss / Concierto para corno N°. 2 (estreno en Perú) Edvard Grieg / Concierto para pianoEntradas a la venta en Teleticket y boletería del teatro.Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.



Ya nos queda un día menos

10 de marzo

Acercándome a John Adams

El próximo estreno en Sevilla –y en España– de Doctor Atomic me ha llevado a adentrarme en el mundo de un compositor del que conocía poca cosa, John Adams (Massachusetts, 1947), oficialmente "minimalista de la segunda generación" y artista tan exitoso en su país de origen, sobre todo en la Costa Oeste, como cuestionado por las sensibilidades más depuradas en lo que a música contemporánea se refiere. Empecé visionando el blu-ray de la ópera arriba referida, pero ese lo comentaré en otro momento. Vamos ahora con los tres registros que he escuchado hoy, todos ellos con repertorio sinfónico. El primero en el tiempo lo grabó el sello Naxos en junio de 2003, y lo protagonizan Marin Alsop y la Sinfónica de Bornemouth; incluye Short Ride in a Fast Machine, The Wound-Dresser, Shaker Loops y una orquestación de la sugestiva Berceuse Élégiaque de Ferrucio Busoni. El segundo es un registro en vivo del estreno mundial de City Noir, que tuvo lugar el 8 de octubre de 2009 a cargo de Gustavo Dudamel y la Filarmónica de Los Ángeles; la toma la distribuye Deutsche Grammophon exclusivamente como descarga digital. El tercero es muy reciente, de febrero y abril de 2013, luciendo una toma sonora asombrosa a cargo de los ingenieros siempre admirables del sello Chandos; Peter Oundjian y la Royal Scottish National Orchestra se encargan en él de la Doctor Atomic Symphony, Harmonielehre y, de nuevo, Short Ride in a Fast Machine. Antes de pasar a dar algunas pinceladas sobre las referidas partituras, que iré repasando por orden cronológico de composición, debo decir que tras las audiciones creo haber comprendido los motivos de muchos para disfrutar su música y de algunos para cuestionarla. Entiendo a los melómanos más exigentes. Me refiero a esos que se entusiasman escuchando a los más grandes compositores de la historia, de Monteverdi a Ligeti pasando por Bach, Beethoven o Berg, pero no se sentarían a escuchar bandas sonoras de películas porque tendrían la sensación de estar perdiendo el tiempo, ni acudirían a ver un musical, ni pondrían en su equipo música ligera. Resulta lógico que afirmen que esta es música menor, música fácil en el peor de los sentidos. Y es que, en el fondo, creo que tienen razón: este es un mundo musical muy postmoderno en tanto que en él se asimilan muchas experiencias del pasado, culto y no tan culto, para crear un híbrido cuyos códigos conoce perfectamente el espectador con un poco de formación, quien se complacerá en identificarlos y se sentirá muy cómodo disfrutando del mero placer sensorial que producen estas músicas sin calentarse mucho la cabeza, pero sin que ello le haga pensar que está renunciando a la autoexigencia o que está siendo conservador: esto se vende como "lo último" en música culta y cuenta con las bendiciones del pope de la postmodernidad musical, Alex Ross, así que poco importa lo que digan los críticos más sesudos. Pero yo he disfrutado, aun sin entusiasmarme en ningún momento, escuchando a John Adams. Porque aunque –como lo melómanos exquisitos antes referidos– admiro profundamente y escucho de manera infatigable la música de los más grandes compositores de la historia, no le hago ascos a páginas como éstas, todo lo tramposas que se quiera pero magníficamente realizadas y dichas con una sanísima intención de comunicar con el espectador. A veces, incluso, resultan muy inspiradas: las obras que he escuchado me parecen más interesantes que las de un Philip Glass, pongamos por caso, y no tienen nada que ver con la pedantería y el aburrimiento insoportables de un Michael Nyman. Esto es otra cosa. Shaker Loops (1978) es la página más puramente minimalista de las que se incluyen en estos discos. No aparece en ella aún el eclecticismo propio del autor, quien deja bien clara su asombrosa capacidad para desplegar colores extremadamente sugestivos a pesar de escribir aquí solo para cuerdas. Más interesante aún es Harmonielehre (1984-85), siempre que uno esté dispuesto a entrar en el juego y aceptar un collage que, por citar solo el segundo movimiento, nos pasea por la Cuarta de Sibelus, la Décima de Mahler o las maderas "en suspense" de Bernard Herrmann. En el resto de la partitura se ofrecen pinceladas que van desde el impresionismo hasta el minimalismo clásico, pasando por el melodismo sencillo propio de la escuela norteamericana.   El título Short Ride in a Fast Machine (1986) ya anuncia el componente digamos futurista de la obra, perfectamente acoplado con un carácter repetitivo que parece anunciar una filiación más o menos clara a lo que podíamos denominar “minimalismo ortodoxo”; sin embargo, en la sección final aparecen unas figuras épicas en los metales, más cercanas a John Williams que a Aaron Copland, que dejan clara las intenciones del compositor. La obra más sincera y emotiva de las relacionadas, también la más recogida en su espíritu y sonoridad, es The Wound-Dresser (1988), escrita para barítono –en el disco de Naxos, un sólido Nathan Gunn– y orquesta sobre acongojante texto de Walt Witman que rememora la experiencia como enfermero del poeta norteamericano durante la Guerra de Secesión. Los marcados intereses pacifistas de John Adams consiguen aquí extraer lo mejor de su inspiración, aunque haya más de un pasaje que suene en exceso a Debussy. La Doctor Atomic Symphony (2007) apuesta, en su síntesis de la ópera homónima, por el maquinismo y el nervio antes que por el vuelo lírico y la atmósfera opresiva que estaban presentes en la obra original. La sinfonía resulta en exceso repetitiva, porque las ideas se agotan pronto: aun siendo mucho más larga, la ópera completa funciona mejor. Para terminar, esa especie de sinfonía evocadora del Los Ángeles de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta que es City Noir me parece poco inspirada; que el jazz sea uno de los ingredientes principales aporta vistosidad pero escasa enjundia a una obra que, eso sí, da pie a que Dudamel luzca su prodigioso sentido del ritmo, del color y de la espectacularidad, si bien en el final tanto a él como al señor Adams se le van la mano con el ruido. Y menos mal que el compositor cita en sus notas al programa a la trompeta de Chinatown, en referencia a la magnífica música de Jerry Goldsmith para el filme de Polanski: de no haberlo hecho, se hubiera considerado algo más que un homenaje. En cuanto a la ópera Doctor Atomic, espero hablar de ella en la siguiente entrada. Si es que el estrés laboral que estoy viviendo estos días (¿hace falta que les cuente cómo está la enseñanza?) no acaba conmigo antes, claro.

Ya nos queda un día menos

3 de marzo

Fazil Say en Sevilla: el placer de (re)interpretar

En la penúltima entrada planteé mi desconcierto a la hora de valorar a Fazil Say en su doble faceta de compositor y pianista, mientras que en la última intentaba reflexionar –me temo que sin éxito– sobre los límites de la transgresión estilística en un intérprete musical, precisamente a raíz de la actuación del pianista de Ankara el pasado domingo en el Teatro de la Maestranza. Me toca ahora decir, por fin, qué me pareció el concierto. Había escuchado en casa varias versiones discográficas de la obra que abría el programa, la KV 331 de Mozart, “marcha turca”: sobria y viril la de Barenboim, lírica y galante la de Kempff, hermosísima pero algo sosa la de Pires, de un exquisito clasicismo la de De Larrocha… Interpretaciones muy distintas entre sí, pero dentro de la más absoluta ortodoxia mozartiana. La de Say fue radicalmente distinta a todas ellas, pero no en dirección hacia el historicismo sino justo en la contraria: a un radical del fortepiano le habría dado el infarto de haber escuchado lo que hizo, tan apabullante fue lo que hizo este señor con la gama dinámica. Apabullante y discutible en grado extremo, porque no se limitó a eso, sino que jugó con la agógica como le dio la gana, alteró el equilibrio polifónico para poner en relieve determinados diseños, coloreó a discreción el sonido –el dominio técnico de este señor es pasmoso– y acentuó al máximo los contrastes sonoros y expresivos. Cualquier cosa menos equilibrio clásico. ¿Me gustó? Muchísimo. Con semejantes presupuestos interpretativos los resultados podrían haber sido un desastre, pero a mi entender logró soslayar los dos grandes peligros que corría: perder naturalidad en el fraseo y resquebrajar la arquitectura de la pieza. Nada de eso ocurrió, porque pese a la extrema flexibilidad de la acentuación el desarrollo fue orgánico, coherente y musical, con las tensiones admirablemente perfiladas y adecuada concentración para no perder vuelo melódico ni caer en el mero mecanicismo. Es verdad que la celebérrima marcha tenía que haberla abordado con mayor lentitud para que fuera eso, una marcha, pero tampoco montó el numerito de cara a la galería. Al final triunfaron la creatividad y la convicción expresivas por encima de todos los reparos. Aunque resulta difícil encontrar paralelismos, a quien me recordó Say en esta KV 331 fue al Leonard Bernstein de sus últimos y más geniales años, esos en los que se lanzaba en plancha a (re)interpretar la música gozando hasta el límite de ritmos, colores y melodías en una suerte de hedonismo sonoro que, lejos de resultar superficial o escaso de contenido, terminaba impregnado los resultados de potencia expresiva. Claro que, justo como le pasaba a Bernstein –asimismo compositor y afín al jazz, qué curioso–, a Say también se le puede ir la mano. Es justamente lo que le pasó en la Sonata KV 332 que completaba la segunda parte, cuyo movimiento lento fue no ya chopiniano, sino un punto romanticoide. Ahí sí que el pianista turco, moviéndose siempre en el filo de la navaja –lo cual también quiere decir que arriesgando muchísimo y poniendo toda la carne en el asador–, rebasó los límites de la heterodoxia hasta el punto de que la idea original de Mozart y la suya propia entraron en contradicción. Ahora bien, la borrachera sonora estuvo garantizada y se descubrieron muchas cosas nuevas en esta música admirable. No acabó de convencerme su interpretación, pero me interesó en todo momento. La segunda parte se abrió con una obra propia: la Sonata Gezi Park 2, escrita en solidaridad con los manifestantes ecologistas que sufrieron la brutal represión de la policía turca el 28 de mayo de 2013 mientas protestaban por la decisión de transformar el referido parque de Estambul en un centro comercial. Aunque sea una página reciente, responde al eclecticismo que, a tenor de lo que le he podido escuchar a Say en su faceta de autor para piano y para orquesta, caracteriza su creación: un poco de tradición musical europea, otro poco de tradición turca, una cantidad más o menos variable de jazz, salsa New Age y mucho, pero muchísimo de convencionalismos con fines programáticos. La idea de Say es llegar de la manera más inmediata posible a toda clase de público y que su mensaje quede expuesto con meridiana claridad. Sin duda lo consigue, pero a costa de que su música resulte algo naif, por no decir previsible y tramposa. En el caso de Sonata Gezi Park 2, me gustó mucho el altamente cinematográfico arranque y cuando empezó a divagar con acciones rebeldes, elegías y esperanzas varias, dejó de interesarme: esto yo ya lo había visto otras veces –pensé en la Sinfonía nº 11 de Shostakovich–, pero mejor hecho. Eso sí, el virtuosismo de Say al piano fue apabullante: parece imposible sacarle más provecho al instrumento. Para terminar, una selección del libro primero de los geniales Preludios de Debussy: La catedral sumergida, Ministriles, Pasos en la nieve y La danza de Puck. De nuevo heterodoxia y creatividad a raudales, adoptando tempi muy lentos –salvo en la última de las piezas–, extremando las dinámicas y fraseando de manera libérrima. El colorido fue riquísimo, fascinantes las texturas –increíble el registro agudo–, se consiguió un fascinante equilibrio entre estatismo y fuerza dramática y, desde luego, se revelaron numerosos acentos, pero a mí me fascinó más que me convenció: Debussy requiere sutileza ante todo, necesita que el contenido no se desvele por completo, mientras que Say quiso dejarlo todo “bien explicado” y resultó un tanto forzado, cuando no teatrero. Aquí, como en la KV 332, se echó de menos naturalidad. La dos primeras propinas fueron las más habituales en sus apariciones en público, sendas variaciones propias sobre Summertime y la Marcha turca mozartiana en plan desaforadamente jazzístico: en este terreno Say se mueve como pez en el agua y el entusiasmo del respetable queda garantizado. Así sucedió en Sevilla, hasta el punto de que se logró una tercera pieza, una piececita propia –desconozco su nombre– tan simpática como anodina. A estas alturas daba igual, la verdad. Velada memorable, pese a los reparos expuestos.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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