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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

jueves 8 de diciembre de 2016


Ya nos queda un día menos

2 de diciembre

Barenboim y su nuevo piano en Ibermúsica: entre toses y fotografías

Ya nos queda un día menosEl primer movimiento de la Sonata D. 664 de Schubert trascurrió sin molestia alguna. Pero a poco de finalizar el mismo a alguien se le ocurrió desenvolver un caramelito de envolvorio crujiente. Tomándose las cosas con calma, diríase que con sadismo. Verás ahora como empiezan todos a toser, pensé yo. Efectivamente: el caramelo sirvió de recordatorio al personal de que estamos en otoño y en un concierto de Ibermúsica, y que por tanto hay que toser repetidamente y haciendo el mayor ruido posible. Así fue. Imposible disfrutar del segundo movimiento de la sonata. En la siguiente pausa, gran parte (repito: gran parte) del público se lanzó a toser como si muchos estuvieran poseídos por el espíritu de la tísica Violeta Valery. Barenboim, que ya había lanzado alguna mirada jupiterina de lo más significativa, repitió su habitual gesto de llevarse a la boca un pañuelo para recordar algo obvio para cualquier persona con un mínimo de educación: si no es posible contener una tos durante un concierto, sí que se puede amortiguar el sonido. A partir de ese momento los ruidos aminoraron de manera considerable, aunque siguió habiendo puntuales aportaciones sonoras del personal. Ya en la segunda parte del programa, al terminar la penúltima de las páginas previstas, Barenboim miró con semblante no precisamente amable a alguien que se encontraba en el pasillo del patio de butacas. Giré la cabeza y confirmé lo que imaginaba: ahí estaba un fotógrafo profesional, tal vez de alguna agencia importante o de la propia Ibermúsica. Y el maestro odia las fotografías durante los conciertos. De ahí la prolongada pausa que algunos no terminaron de entender: el de Buenos Aires debió de ir a dar instrucciones para advertir que si había una cámara suelta por ahí, él no seguía tocando. No es novedad tal actitud entre los pianistas: algo parecido pasó con Ivo Pogorelich no hace mucho en Úbeda, por no hablar del numerito que montó Zimerman hace años cuando salió corriendo detrás de un periodista. Cosas de divos, pero que hay que respetar. El problema es que hay gente que no respeta. En los aplausos finales, alguien le sacó una foto con su móvil. Barenboim hizo un gesto de taparse la cara para no ser deslumbrado por el flash y a continuación movió la mano en un muy evidente NO a las fotografías. Pero medio minuto después, pese a la inequívoca advertencia, otra persona volvió a tomar una instantánea a tan solo unos metros del escenario. Esta vez el artista se cabreó muchísimo, lanzó su perorata habitual en estos casos (“hay tres razones para no tomar fotos...”) y nos dejó –un vez más– sin propinas. Hubo larga y paciente firma de autógrafos, pero la verdad es que Barenboim no estuvo muy simpático pese a que nos acercábamos con la mayor  admiración y aún mayor respeto. Perdonen el largo prolegómeno, pero las circunstancias que rodearon este concierto fueron determinantes para entender por qué salí con un regusto agridulce del mismo. Porque se trató de un enorme recital. Con cosas que estuvieron solo muy bien, otras que fueron excelentes y algunas sencillamente irrepetibles, de esas que solo se escuchan una vez en la vida. Ya comenté las interpretaciones de Barenboim de estas mismas obras en disco. En directo los resultados caminaron por los mismos derroteros, con algunas diferencias de mayor o menor importancia. Así por ejemplo, en la referida Sonata nº 13 de Schubert hubo matices nuevos en el primer movimiento, mientras que el segundo –estropeado por las toses– se destiló una enorme belleza, pero sin que globalmente se mejorasen los resultados algo decepcionantes de la grabación, más dramática que poética, realizada por Deutsche Grammophon. Alguien en el intermedio me aseguraba que el problema estaba en el nuevo piano, en que el maestro no acababa de dominar sus posibilidades. No me parece a mí que se encuentre ahí el quid de la cuestión: en el disco referido usó su piano de toda la vida y resbaló de la misma manera. Y en la Sonata en La mayor nº 19, D. 959 que vino a continuación el instrumento no pareció ser problema alguno, porque al igual que en el CD los resultados fueron descomunales: todo un derroche de acentos, de claroscuros sonoros y expresivos (¡tremendo el tercer movimiento!), para alcanzar la perfecta fusión entre equilibrio formal, belleza sonora y sentido trágico que demanda la música schubertiana. La segunda parte se inició con la Balada nº 1 de Chopin: tan discutible en lo estilístico como en el disco, también igualmente llena de musicalidad, de emoción y de valentía, pero menos limpia en la ejecución –hubo pasajes emborronados que supongo harían escandalizarse a a quienes siguen confundiendo interpretación con agilidad–, y también menos convincentemente planificada en sus juegos agógicos. Aquí el maestro dio vía libre a la inspiración del momento, pero no convenció tanto como lo hizo en su grabación On My New Piano. Dos páginas de Liszt para terminar. Lo comentaba con unos amigos esa misma noche: Barenboim puede no tener los dedos que necesita el autor de la Sinfonía Fausto, pero sí tiene su sonido, ora denso y poderoso a más no poder, ora atento a la más sutil filigrana. También tiene su elasticidad en el fraseo, su planteamiento orgánico de tensiones y distensiones, su carácter visionario en los pasajes más encendidos. Y su sensibilidad para recrear atmósferas rebosantes de sensualidad y de misterio, de lirismo agónico marcadamente romántico. Ideal para una obra maestra de la categoría de Funérailles. En la portentosa interpretación del disco no alcanzó el nivel de la histórica grabación de Arrau. En Madrid sí (¡qué fuerza abrumadora consigue ahora en el gran clímax central, perfectamente preparado aun dando la impresión de ofrecer un discurso por completo espontáneo!). Creo que es una de las mayores cosas que he escuchado jamás en directo al piano. Y que pocas interpretaciones así escucharé en mi vida de cualquier partitura compuesta para el referido instrumento. Tras los aplausos de rigor y la prolongada pausa derivada de la presencia del fotógrafo, un Vals Mephisto nº 1 quizá aún más alucinado que el del CD –puro romanticismo gótico, ideal para el de Buenos Aires– puso fin a un concierto de enorme altura. ¿Y el nuevo piano? Pues bien, gracias. A mí me gusta mucho como suena, sobre todo en su cálido registro grave de ricos armónicos, pero tampoco me parece que sea una revolución trascendental. Se agradecerá mucho, en cualquier caso, que lo siga usando en otros repertorios y que deje testimonio fonográfico de la experiencia. Me encantaría, por ejemplo, escucharle con el mismo el tercer libro de los Années pe pèlerinage. Y más aún algo de Debussy. PD. Por descontado que no realicé fotografía alguna. La que he colocado arriba se la he tomado prestada al Facebook de Ibermúsica. Gracias.

Scherzo, revista de música

17 de noviembre

El pianista suizo Alberto Cano Smit actúa en el ciclo de Jóvenes Intérpretes

El joven pianista Alberto Cano Smit, premiado entre otros por el Festival Chopin en Mazovia y por la Beethoven Society of Europe, interpretará el próximo 22 de noviembre en los Teatros del Canal, dentro del Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo, un programa integrado por obras de Beethoven, Franck, Debussy y Schubert, además de la pieza leer más




Ópera Perú

17 de noviembre

OSN junto a chelista Castro-Balbi

Concierto programado para el viernes 25 en el Gran Teatro Nacional incluirá piezas de Theodoro Valcárcel, Edwar Elgar, Claude Debussy y Manuel de Falla.(Difusión GTN) La Orquesta Sinfónica Nacional, elenco oficial del Ministerio de Cultura dirigido por el maestro Fernando Valcárcel, anuncia el cierre de su Temporada Internacional de Primavera 2016 con un concierto de gala junto al prestigioso chelista peruano-francés Jesús Castro-Balbi, el viernes 25 de noviembre, a las 20:00 horas, en el Gran Teatro Nacional.Elogiado en varios escenarios del mundo y considerado por importantes medios de comunicación como “un chelista excepcional” (Dallas Morning News) y “artista de primera categoría” (Fort Worth Star Telegram) debido a su “sonido cálido y rico, con gran variedad de inflexiones y matices” (New York Concert Review), el músico Jesús Castro-Balbi fue elegido por la Orquesta Sinfónica Nacional para cerrar con broche de oro su temporada primaveral.El programa incluirá una de las obras más arraigadas del repertorio académico del siglo XX, Concierto para Violonchelo del compositor inglés Edwar Elgar, popularizado en la década de 1960 con las apasionadas interpretaciones de la chelista Jacqueline du Pré. La primera parte se completará con el movimiento orquestal Fantasía sobre Greensleves del británico Ralph Vaughan Williams.El segundo bloque permitirá rendir homenaje al compositor puneño Theodoro Valcárcel, miembro prominente de la escuela indigenista peruana de inicios del siglo XX. La OSN interpretará en calidad de estreno absoluto Los encantadores montañeses, pieza que compone el ambicioso ciclo de Estampas del ballet Suray Surita y pionera en la mezcla de timbres del piano con instrumentos nativos como el pututo, el wankar y el tocoro.Al estreno de esta obra monumental se sumará la ejecución de tres piezas representativas de la producción musical que influyó en Theodoro Valcárcel: Petite suite del compositor francés Claude Debussy (en una orquestación de Paul-Henri Büsser) y Danza española N°1 extracto de La vida breve y Suite N°2 El sombrero de tres picos de Manuel de Falla.Las entradas para este concierto se venden en Teleticket y la boletería del Gran Teatro Nacional, con el 50% de descuento para menores de 12 años, estudiantes de universidades e institutos, jubilados mayores de 60, jóvenes del Servicio Militar Voluntario y afiliados al CONADIS. La edad mínima de ingreso es 5 años.



Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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