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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

miércoles 28 de septiembre de 2016


Ya nos queda un día menos

17 de septiembre

Debussy por Van Immerseel: levedad

Ya nos queda un día menosNo hay que extrañarse: si Jos Van Immerseel y sus chicos de Anima Eterna ya han grabado a Falla y a Gershwin, ¿por qué no van a llevar al disco la música de Debussy? A mi entender, la arriesgada propuesta de interpretar este repertorio con instrumentos de época –de época del compositor francés, se entiende– y con una articulación históricamente informada, en combinación con la extraordinaria sensibilidad tímbrica que demuestra el director y al enorme refinamiento de su trazo, se salda con unas lecturas de sensualísimo colorido y relevadoras texturas, fraseadas con un carácter curvilíneo y elegante de lo más adecuado, pero también en exceso aéreas, por momentos erróneamente ingrávidas, adordanas con algunos detalles discutibles –los portamentos chirrían al oyente actual– y un tanto faltas de garra, de carácter, de variedad expresiva. Esto ya queda bien de manifiesto en el Preludio a la siesta de un fauno: la flauta resulta asombrosamente aérea, y toda la lectura alcanza una levedad tan extrema que, pese a la extrema belleza formal de la recreación, se echan de menos más carne sonora y más sustancia expresiva. Nada que ver con el milagro de Haitink aquí comentado. En el caso de La mer, el principal problema radica en las serias dificultades que muestra el maestro belga –en este y en todos los repertorios que aborda– a la hora de administrar tensiones y, por tanto, de darle continuidad a la interpretación y conducirla de manera apropiada a los clímax: al final del primer movimiento le falta fuerza, mientras que la tormenta resulta por completo deslavazada. En contrapartida, el carácter irisado de la superficie del mar agitada por la brisa resulta fascinante, además de tímbricamente reveladora. Queda el tríptico Images. Es Iberia –la pieza central del mismo, aquí colocada en último lugar– la página que sale mejor parada: sin ser precisamente el colmo de la chispa y el desparpajo, el fino trazo de la batuta termina triunfando dentro de la levedad generalizada. En Gigues y Rondes de printemps, por desgracia, los tempi escogidos hacen que la tensión se venga abajo. ¿Merece la pena escuchar el disco, pues? Pese a los importantes reparos señalados, yo creo que sí. Se escuchan demasiadas cosas interesantes aquí como para desdeñarlo. Les voy a añadir un aliciente: la toma sonora realizada por los ingenieros de Zig Zag Territories es la mejor que nunca he escuchado en este repertorio. Un prodigio.

Ya nos queda un día menos

1 de agosto

Debussy poco impresionista por Maazel

Me gusta tanto esta música que no he podido resistir la tentación de volver a escuchar este registro realizado por los ingenieros de RCA en el que Lorin Maazel dirige a la Wiener Philharmoniker, en la Musikverein de la capital austríaca, tres de las mayores obras maestras de Debussy: La mer, Nocturnes y Jeux. Interpretaciones caracterizadas todas ellas por un virtuosismo extremo –con alguna excepción a la que más tarde haré referencia– y por un concepto que se aleja de las brumas impresionistas, para apostar por una tímbrica incisiva y un fraseo anguloso que resultan bastante atractivos. Ahora bien, los resultados son todo lo irregulares que uno se puede esperar tratándose del director franco-norteamericano. La interpretación de El mar la comenté en una discografía comparada. Escribí de ella lo siguiente: "Como era de esperar, máxime teniendo a su servicio a una orquesta tan portentosa, Maazel hace gala de su técnica de batuta regalándonos una interpretación asombrosa por su plasticidad, riqueza de colorido y admirable tratamiento de las texturas. Por desgracia, hay alguna frase un tanto redicha derivada del narcisismo marca de la casa, y además la planificación horizontal no está siempre cuidada: los respectivos finales de los movimientos extremos distan de convencer."Tras la nueva audición, me queda más claro aún que a los referidos finales les falta carácter visionario: hubiera sido necesaria una acumulación de tensiones más minuciosamente calculada. Añadiré además que el movimiento central resulta un punto más nervioso de la cuenta, aunque el carácter “espumeante” de esta pieza está por completo conseguido y la tímbrica sea de una riqueza tan abrumadora que no puede sino conducir a la fascinación, algo con lo que tienen no poco que ver las archiconocidas cualidades de la Filarmónica de Viena. Los Nocturnos recibein una interpretación trazada con excelente pulso, sin puntos muertos, impregnada de cierto aire “juvenil” y extrovertido que aporta frescura y comunicatividad. Ahora bien, Maazel parece bastante más preocupado por el trazo global que por el matiz expresivo y no termina de destilar toda la poesía necesaria. En este sentido, Nubes funciona muy bien pero podría resultar más misteriosa. Fiestas, llevada a un tempo muy rápido, resulta más un ejercicio de virtuosismo que otra cosa, y se ve lastrada por una sección central tratada por la batuta con desconcertante tosquedad. En Sirenas, no muy voluptuosa pero tímbricamente fascinante, sobresale el fenomenal trabajo del Schoenberg Choir, que juega de manera muy acertada con diferentes vocalizaciones de su parte. La joya del disco es Jeux, sin la menor duda. Mientras un Haitink apostaba por la sensualidad y el misterio, haciendo la obra aún más hermética de lo que ya lo es, y un Boulez se empeñaba en demostrar lo mucho que su propia música –en especial las Notations– deben a esta partitura, Maazel se decanta por por un trazo anguloso, unas texturas incisivas y un desarrolladísimo sentido teatral, poniendo de relieve los vínculos de esta música con El pájaro de fuego –esta conexión con Stravinsky ya la puso de relieve mi amigo José Sánchez Rodríguez en la revista Ritmo– y aportando frescura, inmediatez y comunicatividad al resultado, que a mi entender es referencial. La toma sonora recoge de manera admirable la tímbrica plateada de la extraordinaria orquesta austriaca, pero tiene un problema: al haberse realizado a un volumen más bien alto, la gama dinámica no es todo lo amplia que debiera. Aun así, disco imprescindible por la versión de Jeux. En Amazon pueden encontrar con facilidad su edición en serie barata a cargo de Sony Music.




Pablo, la música en Siana

20 de julio

Andreas, el viajero musical

Martes 19 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano 2016, Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: "... más que barroco...". Lookingback Sexteto: Andreas Prittwitz (flauta de pico, clarinete, saxofones), Laura Salinas (viola de gamba), Ramiro Morales (guitarra barroca, archilaúd), Antonio Toledo (guitarra española, buzuki), Roberto Terrón (contrabajo), Iván Mellén (percusiones). Obras de P. Attaingnant, G. Sanz, G. Frescobaldi, Ch. Simpson, Th. Ravenscroft, J. S. Bach, F. Corbetta, C. Monteverdi y F. M. Veracini. Entrada libre. Uno ya peina canas y al volver la vista atrás recuerda al alemán de apellido difícil como actor de una película asturiana en dirección y guión (que parece pasará a la historia como "de culto") titulada "El vivo retrato" (1986) con nuestra espléndida VV, Victoria Vera, un especialista en flauta de pico al que la ayudante de script, compañera de facultad entonces, me presentó en Madrid aquel primer verano de oposiciones junto a Javier López de Guereña, dos musicazos a los que seguiría su pista de manera desigual. Andreas era habitual entonces del Clamores o del recién inaugurado Café Central y ya le daba al saxo como nadie, con la Canal Street Band, Jorge Pardo, Pedro Iturralde, Horacio Icasto, Carlos Carli, Chano Domínguez... tantos habituales y enormes músicos además de una alegría reconocerles posteriormente como uno de los fijos, especialmente con las bandas de Krahe, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Aute o Víctor Manuel más Ana Belén, aportando el toque de calidad a unos temas que crecían en cada solo del alemán. Innovador incluso con las nuevas tecnologías donde el EWI, un controlador MIDI emulando instrumentos de viento hacía salir sonidos increíbles de sus dedos. Por supuesto que su flauta de pico seguiría en una maleta instrumental donde los saxos tomaban protagonismo, así como sus apariciones por esta tierra que le quiere, tocando para todos los públicos y estrenando composiciones dignas de ser programas más a menudo, buscador infatigable de sonoridades (en la iglesia de la Laboral pude disfrutar una de sus joyas) además de viajero musical como nadie, solidario habitual con la OCAS, en el Festival de Música Antigua de Gijón, y sin caer en el "madreñismo" que dice mi primo David, vinculado desde siempre a nuestra Asturias. Mis vecinos de Cenera le han dado a Andreas (extensivo a "todos los Lookingback") el "Premio Serondaya 2015 a la innovación cultural", porque cada proyecto del muniqués de nacimiento, español de residencia y universal como la música, siempre supone avanzar sin olvidar las raíces. El mundo de versionar los llamados "clásicos" siempre ha estado presente en la propia historia de la música y sigo teniendo pendiente una entrada en el blog, siendo el jazz especial por lo supone de cercanía al barroco, improvisaciones a partir de un tema con unas ruedas armónicas que sustentan unas melodías capaces de crecer casi hasta el infinito antes de volver al punto inicial. Andreas Prittwitz conoce este mundo como nadie, lo ha pateado toda su vida desde sus inicios en Munich por lo que esta confluencia era lógica, más aún partiendo de un repertorio que dominaba y una técnica que amplió al clarinete y el saxo para poder reinterpretar partituras que abarcan desde la edad media o el Renacimiento hasta Chopin, y como otras formaciones jugar con los componentes para un repertorio siempre abierto aunque algunos "puristas" no lo soporten. Soy conocido por muchos como "omnívoro musical" y disfruto con estas apuestas, caminos distintos para el mismo destino. Un grupo de saxofones (Sax Antiqva) interpretando barroco nos descubre texturas inéditas para entonces, como Bach a ritmo de jazz marcó mi adolescencia  igual que los sintetizadores para "el pelucas", Debussy o Vivaldi, así que Andreas con Lookingback era continuar con mis gustos ("la Pluhar" hace menos) así como una mirada atrás además de retomar los llamados instrumentos antiguos para una música tan cercana y vigente como el jazz. Esta vez no estaba Joan Espina al violín pero sí Laura Salinas a la viola de gamba, musicalidad plena en "su idioma" virando al jazz como la flauta barroca de Prittwitz, el buzuki de Antonio Toledo arrancando Tres morillas con la imprescindible percusión de Iván Mellén evocadora de tres culturas universales como la propia música del Cancionero de Palacio actualizada con el saxo alto de Andreas, transformaciones que llegan a un flamenco heredero e igualmente fusionado. No importaba el orden del programa, cada tema se presentaba y emprendía viaje propio, el quinteto ambientando la entrada por el claustro del errante Andreas al saxo, Tourdion de Attaignant, coger su flauta para la Españoleta y posterior Xácara de Gaspar Sanz que los nuevos grupos especializados también actualizan desde el rigor y el vigor, pero sobre todo Bach, Looking back on Bach, capaz de sonar siempre único y "soportando" como nadie todas las vestimentas, padre de todas las músicas. El juego que hacen de la Giga, Sarabanda y Minuetos de la "Suite nº 1 para violonchelo" es el mejor ejemplo de este "tour" con compañeros de viaje idóneos, que hablan los mismos idiomas de las tierras transitadas, capaces de cambiar el paso sin perder ningún detalle del paisaje, comienzo con la flauta de pico, escucha de la guitarra barroca a la que se suma la española para marcarse un "blues", por no citar las intervenciones de la viola de gamba más violonchelo todavía o dispararse una bulería con palmas sordas mientras el contrabajo mantiene el "tran trán" de nuestro dios Bach. El Siciliano como primer regalo tornó la flauta en saxo como el buzuki guitarra flamenca o la viola de gamba en voz sin palabras para el primer "hit" de Monteverdi y su Si dolce è il tormento creciendo sin excesos al jazz elegante de ritmos trepidantes (no tengo palabras para la percusión siempre acertada de Mellén) antes de "volver a casa". La anterior Chacona de F. Corbetta (1615-1681) mantuvo pureza y evolución desde un Ramiro Morales dominador de la guitarra barroca en pianísimo, sumándose en el trayecto los músicos con el clarinete elegante, el contrabajo o la viola además de la española para un itinerario que no pasó del "mezzo forte" y volvió al inicio como si de una visita panorámica imperdible se tratase, juegos de volúmenes nunca estridentes, músicos con mayúscula para convivir todos desde la transgresión elegante de la búsqueda de texturas y la improvisación eterna que como ellos dicen "surge gracias a la emoción y al riesgo que aporta... demostrando que en la música no existen límites, ni técnicos ni temporales, para reinventar y personalizar la única música que existe en nuestro planeta: la buena". Para el que suscribe sólo hay dos músicas: la que gusta y la que no, sólo tenemos que pedir que siga presente en nuestras vidas y al alcance de todos, es un derecho irrenunciable. El paladar es muy personal pero también debemos educarlo probando de (casi) todo, en un viaje que siempre nos enriquece.



Ya nos queda un día menos

5 de julio

Exitoso debut de Juanjo Mena con la Filarmónica de Berlín

Bueno, pues al final he encontrado tiempo para ver, a través de la Digital Concert Hall, el debut de Juanjo Mena (Vitoria, 1965) al frente de la Filarmónica de Berlín que tuvo lugar el pasado mes de mayo, ofreciendo un programa integrado por obras de Debussy, Ginastera y Falla en los atriles. Debut quizá no deslumbrante ni revelador, pero sí bastante satisfactorio. El concierto comienza con una Iberia de Debussy expuesta con trazo seguro, admirable claridad y una gran atención a las texturas, dicha con animación y comunicatividad, además de por completo ajena a efectismos, aunque siempre en una línea antes extrovertida y vitalista que reflexiva o ensoñada. En este sentido, se puede preferir un poco menos de nervio y una dosis mayor de sensualidad y de magia sonora, particularmente en el segundo movimiento. En cualquier caso, el resultado es de considerable nivel. Sigue el Concierto para arpa de Alberto Ginastera. Estrenada por Zabaleta, Ormandy y la Orquesta de Fildelfia en 1965, se trata de una página estupendamente escrita y de muy apreciable inspiración, sobre todo por su misterioso e inquietante segundo movimiento. Mena sintoniza de maravilla con la escritura rítmica y angulosa de la obra, pero quien deslumbra es Marie-Pierre Langlamet, a la sazón solista de la propia orquesta. De propina, una deliciosa página de Prokofiev   En la segunda parte, nada menos que El sombrero de tres picos. Haciendo uso de pinceles finos y contando con la complicidad de algunos solistas sensacionales, particularmente del soberbio Albrecht Mayer al oboe (otros no tanto: al fagot le falta recochineo), el maestro vasco ofrece una interpretación más que notable en la que sabe ofrecer vitalidad, entusiasmo y un muy desarrollado sentido del ritmo y del color, atreviéndose en este sentido a subrayar asperezas y tensiones sin por ello renunciar al trazo claro y refinado, ni tampoco al fraseo elegante, ofreciendo en este sentidos algunos momentos –el minué de la Danza del corregidor– verdaderamente deliciosos. Ahora bien, en comparación con el milagro que realizó allá por 1964 Rafael Frühbeck de Burgos, aún hoy no igualado por nadie, hay que reparar en que Mena podría aún haber destilado algo más de sensualidad, haber enriquecido el fraseo con mayores matices y haber evitado la precipitación en la jota final, un poco rígida. Mención especial merece Raquel Lojendio, sencillamente la mejor cantante (¡qué gracia, qué estilo, qué salero!) que haya escuchado en esta parte, con la excepción, en una línea opuesta, de la inolvidable Victoria de los Ángeles. Eso sí, la soprano tinerfeña podía haber ayudado as la orquesta a decir los “oles” de una manera mucho menos germánica

Ya nos queda un día menos

2 de julio

Morentente y Perianes en el Maestranza: un disco que venderá muchísimo

Hace pocos años, las "prueba de diagnóstico" que realiza la Junta de Andalucía en el curso de Segundo de ESO incluyeron un examen sobre competencias en cuestiones musicales. Me pareció sonrojante gran parte del contenido del mismo –ya se sabe, Andalucía es igual a flamenco–, pero la pregunta que más me pareció fuera de lugar fue la que se incluía en un crucigrama: "apellido de una gran Estrella del flamenco hija de Enrique". ¿De verdad, señores de la Junta, creen ustedes que conocer a Estrella Morente es uno de los indicadores que nos permiten evaluar los conocimientos musicales de un chaval de trece o catorce años? Pues parece que no estamos de acuerdo en este asunto, porque en mis clases de música les hablaba a los alumnos de gente como Bach, Mozart o Beethoven, mas no de la cantaora granadina. Lo diré con claridad: no me gusta Estrella Morente. Tampoco conozco a nadie en mi entorno a quien le guste. Pero cuenta con una legión de seguidores y, al parecer, con el respaldo de nuestra clase política, que ha visto en ella una especie de punta de lanza de la promoción más allá de Despeñaperros de nuestra presunta identidad musical. Supongo que con su celebridad tiene que ver la decisión por parte de Harmonia Mundi de editar un disco dedicado a Falla y García Lorca juntando su voz con el piano de Javier Perianes, disco que aunque tardará aún algunos meses en hacer su aparición, se presentaba el pasado jueves 30 en el Teatro de la Maestranza. Y allí, comprando una entrada a última hora, hice acto de presencia. Lo que me encontré fue lo mismo que en Úbeda en 2012, cuando ya tuve la oportunidad de escucharle a la Morente las Canciones populares españolas: una voz bonita pero de tamaño imposible para un auditorio, y que por tanto tiene que cantar amplificada, en manos de una diva con todas las de la ley –en Sevilla haciendo gala de una gestualidad ridícula en grado superlativo– que en este repertorio intenta llegar a un punto de encuentro entre su propia personalidad y lo que presuntamente demandan las partituras recopiladas por Federico García Lorca, con el resultado de que se alternan momentos de enorme belleza, por lo general los más intimistas, con otros más bien sosos, dichos sin gracia y sin salero, sin variedad de acentos expresivos, trufados aquí y allá por descontroles varios y alguna salida de tono. Lo mismo se puede decir de las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla. Y que conste de que no soy de los que piensan que esta música no se debe hacer en plan folclórico. Todo lo contrario: hace años se las escuché en directo –y sin micrófono– a Rocío Jurado y me gustó mucho. No es problema de estilo sino de voz, de personalidad, de sinceridad en la expresión. De arte, en definitiva. Insisto en que la Morente no carece de sensibilidad y llegó a ofrecer momentos muy apreciables, alguno de ellos subyugante, pero a nivel global su interpretación no me convence. Y el "ay" con que cerró el "Polo" es una de las cosas más desafortunadas que yo jamás haya escuchado en un teatro. Se preguntarán ustedes por qué acudí a este recital si no me gusta la Morente. Fácil: por Javier Perianes. Solo por escucharle en solitario las Cuatro piezas españolas de Manuel de Falla ya mereció la pena el viaje a Sevilla. Una versión impresionante, variada a más no poder en la expresión, riquísima en la paleta de colores, concentradísima en el fraseo (¡increíble, mágica la "Montañesa"), en la que el onubense puso de relieve las conexiones con el mundo de Chopin y Debussy que tan bien conoce sin dejar de incluir clarísimos acentos hispanos aquí imprescindibles: difícil resulta escuchar una fusión entre lo "racial" y lo "europeo" tan acertada. Por supuesto, siempre desde esa óptica de amplio aliento lírico y extrema belleza sonora que caracteriza al de Nerva. Acompañó Perianes a la Morente con enorme talento, poniendo orden y derrochando musicalidad, aunque a mí lo que me soprendió fue la manera en la que nos hizo escuchar a Stravinsky en el fragmento de El amor brujo –"Canción del fuego fatuo", por descontado– que se ofreció de propina, precisamente la página en la que la cantaora estuvo más convincente. El público, todo en pie y entusiasmado cerrando una velada de la que el personal parecía salir radiante. El disco venderá muchísimo.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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