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Música Clásica y ópera de Classissima

Claude Debussy

jueves 19 de enero de 2017


Pablo, la música en Siana

17 de diciembre

Recordando a Javi Muñoz (In Memoriam)

Pablo, la música en SianaMientras el jueves recordábamos a Carmen Díaz Castañón un montón de antiguos alumnos y compañeros del Instituto "Bernaldo de Quirós", contándonos historias de aquellos años felices de nuestra adolescencia, este viernes 16 de diciembre amanecía llorando por la pérdida de mi querido Javier Muñoz con apenas 59 años recién cumplidos. Amigos desde críos, como nuestras familias, compartimos viajes en el Seat 1500 y después en un Dodge Dart de su padre Antonio Muñoz, el mayor empresario frutero de España y fundador del Polígono de Mieres donde los camiones cargados de fruta llegaban a diario para abastecernos como el slogan de sus tiendas: "Sólo de salud disfruta quien come mucha fruta". Su madre Nieves Álvarez (cuñada de Luis Noriega por su hermana Conchita), nos preparaba muchas meriendas y hasta soportó muchos conciertos en el piano de aquella casa de ensueño en la entonces calle Enrique Cangas, hoy Alfonso Camín, compartiendo profesores, primero Eladi y posteriormente en Oviedo con Mario G. Nuevo. El bachillerato nos separó entre la Academia Lastra y "el Bernaldo" pero volvimos a coincidir en clase a partir de 5º de Bachillerato donde yo era el veterano aunque Javi siempre fue mayor. Alumno brillante, ciencias puras en aquelllos últimos años de dictadura, alternando con la carrera de piano, Javi por el plan viejo, con el concierto de Chopin en 8º (aunque sin la orquesta), yo con el nuevo entre Debussy, Albéniz o las sonatas con violín de Beethoven en casa de Carlos Luzuriaga, de nuevo compartiendo mañanas de sábado. Y los fines de semana escapadas al Rancho, a Vegadotos, al Chorro si hacía buen tiempo, pero sobre todo el largo invierno trufado de guateques, porque en su casa había no solo tocadiscos con las novedades discográficas del momento (Barry White y el Sonido Filadelfia hacían estragos) sino un pedazo de salón con barra, amén de las antiguas cocheras donde jugábamos partidos de fútbol sala con las cámaras frigoríficas cual porterías. Chona, la siempre fiel "ama de llaves" más que muchacha de la familia, con el beneplácito de Antonio y Nieves, preparaba el pincheo para acompañar los refrescos, que ya nos encargábamos nosotros de darle el "toque prohibido" así como los cigarrillos, unos Sombra o Ducados, otros como Javier, siempre un sibarita, John Player Special cuando no unos Piper mentolados. Su hermano Tony ya estaba por Madrid, estudiando para Ingeniero Agrónomo. El final del verano de 1975 finalizábamos nuestra carrera de piano, para afrontar aquel COU de Física, Química y Matemáticas, "libres" de la carga musical, que nunca lo fue para nosotros. Lo recuerdo como si fuese ayer: Javier en primera fila con su tocayo Recuero, detrás Julín y Luismi Campomanes (figura del hockey en el Patín Kiber), y en la tercera fila servidor, con Dimas Llaneza que además era zurdo y daba mucho juego en aquellos pupitres donde  hacíamos palanca en la barra delantera para elevar la silla del que teníamos delante... Los recreos nos juntábamos "la pandilla", ciencias y letras ya recién tirado el muro que separaba chicos y chicas, aunque las escaleras seguían diferenciadas. Javier Antuña, Luis Fernando el de la Relojería Dimas, Eduardo Saracho, Alejandro Cuartas, Pepe "el mi chero" desde los seis años, Gil, "Cachito", Carlos, Isaías, Vaquero, Julio Pas, Felipe, Paco... Progres y peras porque ya empezában a etiquetar por la forma de vestir (Jerseys de lana y botas de Segarra "frente" a Fred Perry, Pulligan y Sebagos, trenkas y loden) más que por las ideas, efervescentes pero aún difusas, siempre con la música y los chistes además de los primeros "amores", no siempre reconocidos. Franco moriría aquel noviembre de COU y el curso 1975-76 marcaría el fin de una etapa que vivimos en primera persona, Viaje de Estudios por Barcelona, Valencia y Madrid incluido. La universidad nos esperaba a casi todos, Oviedo pero también León según la elección (Forestales o Veterinaria). Medicina esperaba a muchos, Derecho a otros, Minas para los pocos elegidos, Peritos para los que seguían tradición... Javi se fue para Químicas y yo "tirando la toalla" tras mi fracaso en junio decidí hacer Magisterio por Humanidades pese a superarlas en septiembre así como la Selectividad (luego de "la mili" tendría tiempo para cursar Historia del Arte). Foto © José Ramón ViejoAl menos los fines de semana seguíamos juntándonos, la pandilla como tal se había roto con los noviazgos que habían surgido, unos más largos que otros, pero sobre todo que nos hacíamos mayores porque éramos universitarios. La apertura del "42 Piano Bar" en la conocida calle del vicio fue un oasis para Javi y para mí porque era donde manteníamos los esperados encuentros alternando aquel piano de pared (una temporada incluso llevaron uno de cola pero ocupaba mucho) que Isauro y después Tonín y Sabino "Gelín" mantuvieron tanto tiempo, con Adriano "Chele" de barman y cantante ocasional. No faltaban las incursiones a cuatro manos como en nuestros años jóvenes, incluso en 1985 con motivo de la celebración de unas jornadas de la juventud que organizó el Casino de Mieres, nuestra "segunda casa" desde los 16 años, celebramos un concierto en el Salón de la Caja de Ahorros donde estuvo la Tuna (Javi también pasó por ella apenas un par de meses con la melódica, porque siempre fue muy responsable y estudioso, no como "el Corcheas"), un trío para la ocasión con Jami, Miguelón y quien suscribe (foto de abajo), pero por supuesto las cuatro manos repasando temas de los nuestros, El Pájaro Chogüí, Entre dos aguas y lo que se terciase, en la foto de arriba. Los malos tiempos llegaron tristes, perdiendo lo impensable, crisis de todo tipo, y Javi comenzó a dar clases particulares de Matemáticas mientras intentaba finalizar Químicas con todo el esfuerzo extra que aquello suponía. La UNED, la Facultad de Valladolid, al fin la necesaria y deseada licenciatura. Sería reconocida su gran calidad como profesor y venían estudiantes universitarios de todas las ingenierías además de los bachilleres del Concejo. Cosas de la vida, del emporio de la fruta al poderío del conocimiento, pero sin el reconocimiento ni la suerte siempre esquiva. Fue perdiendo a su madre, después a su padre, y ganando en alumnado, la vida aprieta, cada vez más horas de encierro y pocas de ocio. En mi boda allá por 1991 creo que disfrutó con el encuentro de tantos amigos, se puso una pajarita que siempre le quedó bien, pero tantos años en Oviedo me hicieron perder el contacto que quedaba reducido a alguna escapada nocturna los sábados. Cierto que tenía noticias, su afición a la Coca Cola desde los tiempos de nuestra vecina Felita, que compraba por botellones, a las chuches, al tabaco en proporciones nada saludables. Volví a vivir a Mieres va hacer ahora 19 años, pero Javi salía poco, cada vez menos. Había tenido un ictus y me lo encontraba muy desmejorado, sería el mes de mayo pasado. No volví a verle aunque las noticias seguían llegándome por amigos y compañeros, nada halagüeñas para alguien todavía joven. Ayer recordábamos los tiempos felices del Bernaldo, y hoy la vida me daba otra bofetada con la noticia de su muerte en casa, solo, creo que un infarto rápido, sin sufrimiento físico pero con la inmensa tristeza de la soledad. Me sentí triste, vacío, mal amigo por dejar la cita siempre para otro día, insistirle, llamarle, charlar y rejuvenecer con los recuerdos. "Las sevillanas del adiós" son perfectas para esta despedida: Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...Javier Muñoz Álvarez, nuestro querido Javi, que "El Lago de Como" (C. Galos) que era tu melodía preferida e interpretabas como nadie con aquellas manos de largos dedos, siempre por mí envidiadas, sea el descanso merecido porque seguirás vivo en nuestro recuerdo. Este sábado a la una del mediodía te despediremos cristianamente en "nuestra iglesia" de San Juan. DESCANSA EN PAZ amigo.

Scherzo, revista de música

Ayer

CRÍTICA: Brillante presentación de la Orquesta Nacional Escocesa en Alicante

Alicante. Auditorio de la Diputación. 16-I-2017. Royal Scottish National Orchestra. Ingrid Fliter, piano. Director: Peter Oundjian. Obras de Debussy, Falla y Chaikovski. José Antonio Cantón leer más




Ya nos queda un día menos

2 de diciembre

Barenboim y su nuevo piano en Ibermúsica: entre toses y fotografías

El primer movimiento de la Sonata D. 664 de Schubert trascurrió sin molestia alguna. Pero a poco de finalizar el mismo a alguien se le ocurrió desenvolver un caramelito de envolvorio crujiente. Tomándose las cosas con calma, diríase que con sadismo. Verás ahora como empiezan todos a toser, pensé yo. Efectivamente: el caramelo sirvió de recordatorio al personal de que estamos en otoño y en un concierto de Ibermúsica, y que por tanto hay que toser repetidamente y haciendo el mayor ruido posible. Así fue. Imposible disfrutar del segundo movimiento de la sonata. En la siguiente pausa, gran parte (repito: gran parte) del público se lanzó a toser como si muchos estuvieran poseídos por el espíritu de la tísica Violeta Valery. Barenboim, que ya había lanzado alguna mirada jupiterina de lo más significativa, repitió su habitual gesto de llevarse a la boca un pañuelo para recordar algo obvio para cualquier persona con un mínimo de educación: si no es posible contener una tos durante un concierto, sí que se puede amortiguar el sonido. A partir de ese momento los ruidos aminoraron de manera considerable, aunque siguió habiendo puntuales aportaciones sonoras del personal. Ya en la segunda parte del programa, al terminar la penúltima de las páginas previstas, Barenboim miró con semblante no precisamente amable a alguien que se encontraba en el pasillo del patio de butacas. Giré la cabeza y confirmé lo que imaginaba: ahí estaba un fotógrafo profesional, tal vez de alguna agencia importante o de la propia Ibermúsica. Y el maestro odia las fotografías durante los conciertos. De ahí la prolongada pausa que algunos no terminaron de entender: el de Buenos Aires debió de ir a dar instrucciones para advertir que si había una cámara suelta por ahí, él no seguía tocando. No es novedad tal actitud entre los pianistas: algo parecido pasó con Ivo Pogorelich no hace mucho en Úbeda, por no hablar del numerito que montó Zimerman hace años cuando salió corriendo detrás de un periodista. Cosas de divos, pero que hay que respetar. El problema es que hay gente que no respeta. En los aplausos finales, alguien le sacó una foto con su móvil. Barenboim hizo un gesto de taparse la cara para no ser deslumbrado por el flash y a continuación movió la mano en un muy evidente NO a las fotografías. Pero medio minuto después, pese a la inequívoca advertencia, otra persona volvió a tomar una instantánea a tan solo unos metros del escenario. Esta vez el artista se cabreó muchísimo, lanzó su perorata habitual en estos casos (“hay tres razones para no tomar fotos...”) y nos dejó –un vez más– sin propinas. Hubo larga y paciente firma de autógrafos, pero la verdad es que Barenboim no estuvo muy simpático pese a que nos acercábamos con la mayor  admiración y aún mayor respeto. Perdonen el largo prolegómeno, pero las circunstancias que rodearon este concierto fueron determinantes para entender por qué salí con un regusto agridulce del mismo. Porque se trató de un enorme recital. Con cosas que estuvieron solo muy bien, otras que fueron excelentes y algunas sencillamente irrepetibles, de esas que solo se escuchan una vez en la vida. Ya comenté las interpretaciones de Barenboim de estas mismas obras en disco. En directo los resultados caminaron por los mismos derroteros, con algunas diferencias de mayor o menor importancia. Así por ejemplo, en la referida Sonata nº 13 de Schubert hubo matices nuevos en el primer movimiento, mientras que el segundo –estropeado por las toses– se destiló una enorme belleza, pero sin que globalmente se mejorasen los resultados algo decepcionantes de la grabación, más dramática que poética, realizada por Deutsche Grammophon. Alguien en el intermedio me aseguraba que el problema estaba en el nuevo piano, en que el maestro no acababa de dominar sus posibilidades. No me parece a mí que se encuentre ahí el quid de la cuestión: en el disco referido usó su piano de toda la vida y resbaló de la misma manera. Y en la Sonata en La mayor nº 19, D. 959 que vino a continuación el instrumento no pareció ser problema alguno, porque al igual que en el CD los resultados fueron descomunales: todo un derroche de acentos, de claroscuros sonoros y expresivos (¡tremendo el tercer movimiento!), para alcanzar la perfecta fusión entre equilibrio formal, belleza sonora y sentido trágico que demanda la música schubertiana. La segunda parte se inició con la Balada nº 1 de Chopin: tan discutible en lo estilístico como en el disco, también igualmente llena de musicalidad, de emoción y de valentía, pero menos limpia en la ejecución –hubo pasajes emborronados que supongo harían escandalizarse a a quienes siguen confundiendo interpretación con agilidad–, y también menos convincentemente planificada en sus juegos agógicos. Aquí el maestro dio vía libre a la inspiración del momento, pero no convenció tanto como lo hizo en su grabación On My New Piano. Dos páginas de Liszt para terminar. Lo comentaba con unos amigos esa misma noche: Barenboim puede no tener los dedos que necesita el autor de la Sinfonía Fausto, pero sí tiene su sonido, ora denso y poderoso a más no poder, ora atento a la más sutil filigrana. También tiene su elasticidad en el fraseo, su planteamiento orgánico de tensiones y distensiones, su carácter visionario en los pasajes más encendidos. Y su sensibilidad para recrear atmósferas rebosantes de sensualidad y de misterio, de lirismo agónico marcadamente romántico. Ideal para una obra maestra de la categoría de Funérailles. En la portentosa interpretación del disco no alcanzó el nivel de la histórica grabación de Arrau. En Madrid sí (¡qué fuerza abrumadora consigue ahora en el gran clímax central, perfectamente preparado aun dando la impresión de ofrecer un discurso por completo espontáneo!). Creo que es una de las mayores cosas que he escuchado jamás en directo al piano. Y que pocas interpretaciones así escucharé en mi vida de cualquier partitura compuesta para el referido instrumento. Tras los aplausos de rigor y la prolongada pausa derivada de la presencia del fotógrafo, un Vals Mephisto nº 1 quizá aún más alucinado que el del CD –puro romanticismo gótico, ideal para el de Buenos Aires– puso fin a un concierto de enorme altura. ¿Y el nuevo piano? Pues bien, gracias. A mí me gusta mucho como suena, sobre todo en su cálido registro grave de ricos armónicos, pero tampoco me parece que sea una revolución trascendental. Se agradecerá mucho, en cualquier caso, que lo siga usando en otros repertorios y que deje testimonio fonográfico de la experiencia. Me encantaría, por ejemplo, escucharle con el mismo el tercer libro de los Années pe pèlerinage. Y más aún algo de Debussy. PD. Por descontado que no realicé fotografía alguna. La que he colocado arriba se la he tomado prestada al Facebook de Ibermúsica. Gracias.



Ópera Perú

17 de noviembre

OSN junto a chelista Castro-Balbi

Concierto programado para el viernes 25 en el Gran Teatro Nacional incluirá piezas de Theodoro Valcárcel, Edwar Elgar, Claude Debussy y Manuel de Falla.(Difusión GTN) La Orquesta Sinfónica Nacional, elenco oficial del Ministerio de Cultura dirigido por el maestro Fernando Valcárcel, anuncia el cierre de su Temporada Internacional de Primavera 2016 con un concierto de gala junto al prestigioso chelista peruano-francés Jesús Castro-Balbi, el viernes 25 de noviembre, a las 20:00 horas, en el Gran Teatro Nacional.Elogiado en varios escenarios del mundo y considerado por importantes medios de comunicación como “un chelista excepcional” (Dallas Morning News) y “artista de primera categoría” (Fort Worth Star Telegram) debido a su “sonido cálido y rico, con gran variedad de inflexiones y matices” (New York Concert Review), el músico Jesús Castro-Balbi fue elegido por la Orquesta Sinfónica Nacional para cerrar con broche de oro su temporada primaveral.El programa incluirá una de las obras más arraigadas del repertorio académico del siglo XX, Concierto para Violonchelo del compositor inglés Edwar Elgar, popularizado en la década de 1960 con las apasionadas interpretaciones de la chelista Jacqueline du Pré. La primera parte se completará con el movimiento orquestal Fantasía sobre Greensleves del británico Ralph Vaughan Williams.El segundo bloque permitirá rendir homenaje al compositor puneño Theodoro Valcárcel, miembro prominente de la escuela indigenista peruana de inicios del siglo XX. La OSN interpretará en calidad de estreno absoluto Los encantadores montañeses, pieza que compone el ambicioso ciclo de Estampas del ballet Suray Surita y pionera en la mezcla de timbres del piano con instrumentos nativos como el pututo, el wankar y el tocoro.Al estreno de esta obra monumental se sumará la ejecución de tres piezas representativas de la producción musical que influyó en Theodoro Valcárcel: Petite suite del compositor francés Claude Debussy (en una orquestación de Paul-Henri Büsser) y Danza española N°1 extracto de La vida breve y Suite N°2 El sombrero de tres picos de Manuel de Falla.Las entradas para este concierto se venden en Teleticket y la boletería del Gran Teatro Nacional, con el 50% de descuento para menores de 12 años, estudiantes de universidades e institutos, jubilados mayores de 60, jóvenes del Servicio Militar Voluntario y afiliados al CONADIS. La edad mínima de ingreso es 5 años.

Claude Debussy
(1862 – 1918)

Claude Debussy (22 de agosto de 1862 - 25 de marzo de 1918) fue un compositor francés. Junto con Maurice Ravel , fue una de las figuras más prominentes que trabajaron en el campo de la música impresionista , aunque a él mismo no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Debussy es uno de los más importantes compositores franceses, y una figura central en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903. Su música se caracteriza por su componente sensorial y por cómo se distancia de la tonalidad. A menudo el trabajo de Debussy refleja las actividades o las turbulencias en su propia vida. Su música define prácticamente la transición de finales de la música romántica hasta el 20 de siglo de música modernista. En los círculos literarios franceses, el estilo de este periodo fue conocido como el simbolismo , un movimiento del que se inspira directamente Debussy, tanto como compositor, como participante activo cultural.



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